martes

Se ilumina lo anterior con el himno al amor de 1 Cor. 13, 1-13 (También se puede utilizar algunas de las versiones cantadas que son hermosas todas) y se propone "reescribir" el himno en pareja llevándola cada una a su realidad concreta, para ofrecerlo a Dios como signo y compromiso.

Se puede finalizar el encuentro leyendo el siguiente cuento:

EL SONIDO MISTERIOSO

Ya mientras dormía, venía oyéndolo y confundiéndolo con parte de su sueño. Pero José fue despertando y, somnoliento aún, descubre que el sonido sigue allí, pues no viene de su sueño, sino de la realidad. Son como golpes, pero que no le infunden miedo, sino todo lo contrario, lo tranquilizan. Con una cadencia viva, sostenida, acompasada, llena de certeza y de misterio, le hacen sentir como si le marcaran el ritmo a su despertar.

De cualquier modo, a José no le resulta extraño, pues es un sonido que siempre oye cuando está bien, pero también (y sobretodo) lo acompaña cuando está mal. Lo impulsa, le da "motivos para amanecer"[1].

Él sabe que la existencia de ese sonido, le ayuda a descubrir el sentido de su vida. Es más, generó a su vez otros tres sonidos similares que suavemente repiquetean a pocos metros del lugar.

Es tan importante para él, que cree, que si alguna vez no lo pudiera oír más, lo seguiría acompañando (aunque solo “audible” en su corazón) desde donde esté. José lo percibe como un sonido de vida, un ritmo de amor, un “eco” de Dios...

Decide levantarse. Es entonces cuando, quita su oído de sobre el pecho de su esposa, y se dispone con alegría a comenzar el día.



[1] Frase “hurtada” al querido y admirado Mamerto Menapace.

Del libro "Destellos de Luz, reflejos de vida" de José Balabanian Ed. San Pablo (En edición)

No hay comentarios:

RESULTADO DE ENCUESTAS ANTERIORES: