domingo

La “Asamblea de la Burbuja”, los “Abrecabezas”, el “Fundador” y yo

La “Asamblea de la Burbuja”, los “Abrecabezas”, el “Fundador” y yo

I

De chiquito entre a la “Burbuja”. Mi madre se encargo de crear los lazos para que yo ingresara, antes que los males de “afuera” me hicieran daño. Y me gustó. Allí aprendí quién había fundado la “Asamblea de la Burbuja”, y cuanto más conocía la historia de este Fundador más comencé a respetarlo, admirarlo y amarlo (es ese orden). Su mensaje de amor, dado hace tantos siglos atrás me cautivó, aunque aún no lo analizaba en profundidad (no tenía aún las “herramientas” para hacerlo, y dentro de la “Burbuja” era difícil hallarlas). Al principio entraba y salía de ella con naturalidad pues nunca perdí los contactos con el “afuera”. Luego, tengo que reconocer, que en medio del fanatismo juvenil, me instalé en ella. Fui formándome en el conocimiento de las normas, lo ritos, la doctrina y la historia (generalmente con rasgos de heroísmo épico) de la “Burbuja”. Y aunque no siempre toda esta “estructura” coincidía con lo dicho y hecho por el Fundador, aprendí que dentro de la misma, el “Espíritu del Fundador” nos evitaba el error y, por ende, todo lo dicho y hecho por la “Asamblea” era verdadero. El “afuera” comenzó a percibirse como hostil. Me fueron convenciendo que eran malvados de los que me tenía que cuidar, o cómodos que no ponían voluntad por entrar a la burbuja, o ingratos y herejes por haber creado otras burbujas y desde ellas criticarnos. Estaba claro: el mundo estaba dividido entre los de “adentro” y el “afuera”, los poseedores de la Verdad y los equivocados que (en el mejor de los casos) se darían cuenta de que nosotros teníamos la razón y se convertirían. En ese contexto me hice un predicador de la “Burbuja”. Todos en la “Asamblea” veían en mí los dones para poder cumplir lo que el Fundador, según ellos, me estaba pidiendo desde el más allá. Y yo creí haber alcanzado orgulloso el sentido de mi vida…Todo encajaba, tenía la consideración de la “Asamblea”, el Fundador estaría contento de este soldado, y yo era (¿?) feliz…

II

Pero las cosas empezaron a cambiar, alguno de adentro se atrevió a cuestionarme (y por ende dudar sobre la doctrina de la Asamblea) y por supuesto lo enfrenté apologéticamente como buen soldado. Curiosamente el apellido del osado dudador era “Luminoso”. Nunca más lo volví a ver. Pero algo en mí empezó a perturbarme. Quizá por los años, tal vez por las propias inquietudes, o por la desilusión que me generaba ver incoherencias en las autoridades de la “Asamblea” y en sus incondicionales defensores. Descubría además que yo mismo me equivocaba seguido. Para colmo, algunos formadores (los “Abrecabezas”, soportados a regañadientes por los otros formadores y mirados de reojo por las autoridades) me insinuaban que las cosas no eran como me las hicieron ver, y que lo que se vivía dentro de la Burbuja no respondía a la voluntad del Fundador a quien nunca dejé de amar. Y si bien las paredes de la “Burbuja” ofrecían resistencia, empecé a salir cada vez más. Primero tímidamente, con sigilo y a la defensiva. Luego, a medida que pasaban los años, más asiduamente. Y lo que descubrí pudo desmoronar en mí las estructuras que parecían indestructibles, de a poco, pero sin pausa…
Empecé a ver que los límites de la “Burbuja” no separaban de buenos y malos, sino que había de ambos “bandos” tanto dentro como fuera de la misma. Contemplé el sufrimiento humano, en todas sus formas, y el dolor de los que eran tildados de “impuros” por los de la “Burbuja”. Vi ejemplos heroicos, pero desde lo sencillo y en lo cotidiano, sin aureolas en su cabeza ni pedestales en sus pies. Por supuesto que también observé la miseria humana, pero ya la conocía desde dentro de la “Burbuja”, pues como me había dicho una “Abrecabezas” (la que enseñaba en el Corral): “para conocer la miseria humana basta conocer la propia miseria…” Descubrí que todos necesitaban del Amor que había predicado el Fundador de la “Asamblea”, aún sin saberlo. Pero entonces mi pregunta fue: ¿por qué el Fundador predicó la “Burbuja”? ¿por qué su Espíritu de Verdad no contemplaba lo que mis ojos veían? Había que volver a leer los escritos del Fundador…

III

Y para mi sorpresa, no encontré códigos enigmáticos difíciles de resolver, todo estaba clarísimo, de tal modo que me enfurecí por no haberlo descubierto antes. Por empezar, estaba claro que el Fundador no había predicado la “Asamblea”, sino un “Reino de Amor”, que incluía a todos. Era cierto que fundó la “Asamblea” como humilde instrumento para construir el “Reino”, pero nunca soñó una “Burbuja”. La “Asamblea” debía estar al lado de la gente, sobre todo de la que sufre, en sus manos debía haber una toalla para lavar los pies de los demás y no una lista con pecados que tildar. Ciertamente el Espíritu del Fundador nos acompañaría, pero no para hacer las cosas por nosotros, y mucho menos a fin de ser utilizado para justificar lo injustificable o para construir poder amparándose en su “inspiración”. El principal secreto del mensaje del Fundador estaba encerrado en cada actitud que había tenido en su vida, siendo coherente hasta el final, predicando un ideal, pero siendo misericordioso con el que no lo alcanzaba, dando la vida ( si se hubiera quedado en una burbuja no lo hubieran matado) por su misión y su convicción: la construcción de un Reino de Amor…

Epílogo

¿Qué hacer entonces? La tentación de dejar para siempre la “Asamblea” es fuerte, pero sé que muchos desde dentro de la “Burbuja” han descubierto cosas parecidas a las que yo vi (los “abrecabezas”), y sería injusto no volver a intentar algo nuevo junto a ellos. Prefiero direccionar mi misión, y tener varios flancos abiertos. Hacia adentro, para derribar las estructuras que quedan de la “Burbuja” por más difícil que sea, hacia mi mismo para poder crecer en el amor que el Fundador me demostró, pero sobre todo hacia el dolor de la gente sin importar si es “de dentro o de fuera o del costado”.

Ya poco encaja, ya no tengo la consideración de la “Asamblea” (salvo algunos), estoy mucho más tiempo afuera que adentro (y creo que mi mamá desde el cielo debe estar contenta), ya no me siento un soldado sino un simple portavoz, soy plenamente consciente de mis errores y limitaciones, pero sigo teniendo una misión en esta vida… y soy inmensamente feliz…

El cuento de la semana

"Antes de haberte formado Yo en el seno materno, te conocía, y antes de que nacieras te tenía consagrado". (Jr.1,5)
EL NACIMIENTO DE CRISTIAN
Marina no podía quedar embarazada. Se lo había diagnosticado el médico y estaba resignada, al igual que su marido. Pero cuando los primeros síntomas de embarazo comenzaron, ella se preguntaba: -"¿Cómo podía ser esto?"-, a lo que inmediatamente se respondía: - "No hay nada imposible para Dios"-.
Efectivamente, su flamante embarazo fue comprobado mediante un análisis. Con el resultado en mano, fue rapidísimo a compartir su alegría con una prima; estaba tan contenta que cantaba de felicidad. El médico, dados los antecedentes, quiso hacer un estudio genético, a lo cual Marina y su marido accedieron. Cuando estuvo el resultado, ella sintió como que una espada le atravesaba el corazón: el niño nacería con Síndrome de Down...
Luego del estupor y el desconcierto inicial, el doctor sutilmente sugirió la posibilidad de provocar un aborto. Marina estaba obnubilada, una catarata de ideas pasaban por su mente. Era un momento crucial, la decisión sería suya, y se sentía confundida. Tuvo un par de días para pensarlo, y en ese lapso, tanto el médico como algunas amigas, le decían que hoy en día el aborto es normal y en muchos países es legal. Pero a la vez, su esposo "veía en sueños" al bebé en sus brazos, y su prima le decía que el Señor estaba con ella y que la ayudaría. Marina sabía que ese ser que llevaba en el vientre, ya era persona desde que fue concebido y su existencia dependía de ella. Llamó con decisión al doctor y le dijo que no abortaría...Acababa de decir un gran "sí", un sí a la vida...
Decidieron llamarlo Cristian, (pues ya sabían por el estudio que sería varón), y entre alegrías y temores fue transcurriendo el embarazo.
Un veinticinco de diciembre nació Cristian, y Marina tuvo que brindar con sus familiares en la clínica. Al tener el bebé en brazos, sentía como que Dios le decía al corazón, que no tema, pues le traía una gran alegría.
Y así fue, con el correr de los años, Cristian solo regalaba amor, en cada abrazo, en cada sonrisa, en cada gesto. Sus padres fueron dándose cuenta, que tenía una gran capacidad para algunas cosas y no las tenía para otras (al igual que cualquiera de nosotros, pues todos tenemos alguna "discapacidad"), y Cristian tenía la capacidad fundamental, la de amar...
Marina reconocía en su interior, que podía haber rechazado ese inmenso regalo de Dios, y cuando pensaba en esto, lloraba de emoción, pues supo decidir por lo que hoy, daba sentido a su vida. Meditando estas cosas en su corazón, mientras observaba jugar a su hijo, comprendía aún más a Aquella que por haber dado su "sí", exclamaba con alegría:
-"Mi alma canta la grandeza del Señor"-
*(Lc.2,6-2O)
"El Dios escondido", José Balabanian, Ed. San Pablo

Opinión: Navidad, ¿unión o disgregación familiar?

por Joaquín Rocha
Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación
joacorocha05@yahoo.com.ar

Nadie puede negar que la Navidad, amén de ser una de las más importantes fiestas de la cristiandad, moviliza a las personas tanto psicológica como socialmente.
Las vínculos familiares no se ubican fuera de estas condiciones, de modo que llevan a convertir las fiestas, de paz y amor, en un tiempo y un espacio de desarmonías y discusiones.
La familia es una estructura social básica y, como tal, debe cumplir con ciertas funciones para que sus miembros se relacionen entre sí: función económica, educativa, cultural y afectiva, entre otras.
Constituye un sistema donde el mal funcionamiento de una de estas variables incide, directa o indirectamente, en las demás. De la misma manera, se supone que, cuando algo afecta a uno de sus miembros, afecta también al resto. La realidad nos dice que esto no ocurre siempre así. Los lazos familiares conforman una construcción cultural que, a menudo, no está acompañada por lo afectivo.
No existe la familia modelo. Cada familia es como es, y esto responde a sus propias circunstancias y a como cada individualidad encaja o desencaja en el grupo.
La Navidad, vivida desde la obligación, sirve para revivir ciertos litigios que se instauraron en la infancia.
Desafectos, baja autoestima, desvalorizaciones, competencias fraternarles, generadas por las figuras parentales, hacen su aparición desde el niño interno de cada persona. No son los adultos los que discuten, sino las rivalidades infantiles nacidas, a veces, de la fuente de frustración de los padres.
Para afianzar las expresiones comunicacionales positivas en la familia, es necesario que cada persona se sienta a gusto con sus vínculos y, así, pueda alimentar una buena autoestima y adquirir seguridad.
Las reuniones familiares, sea cual sea el motivo de la celebración, ponen en juego todas estas mezquindades. La mayoría se manejan desde la hipocresía y desde un deber ser impuesto culturalmente. Muchas familias que, durante largos períodos, no se vinculan toman la Navidad como un espacio de encuentro, pero no como un momento para reconciliarse con sus propias incongruencias ni con las ajenas. Entonces, revisten a la fiesta de un cierto halo de falsedad, rigidez y resistencia, provocando una “enquistación” de los conflictos
En otras familias no sucede lo mismo, ya que mantienen lazos emocionales generalmente estables y sólidos, sobre todo cuando se plantean situaciones de discrepancia. Los conflictos son, para estas familias, un medio para que sus integrantes crezcan y maduren.
Por lo tanto, la Navidad será vivida como una fiesta de la familia. Una fiesta donde las demandas afectivas no interferirán en dónde, cómo y con quién se va a festejar y compartir.
La Navidad no puede solucionar aquello que los integrantes de una familia no han sabido o no desean solucionar.
Fuente: Revista On Line San Pablo

Unidad en la diversidad. Teología rockera 1


Esto que soy, esto te doy...

La Verdad "absoluta" en diálogo con los no creyentes.

Fragmento de la carta del Papa Francisco a el diario italiano “La Repubblica” . Es la respuesta al director de la publicación, Dr. Eugenio Scalfari, que escribió dos cartas en el diario dirigidas al pontífice tras la encíclica “Lumen fidei”.  

"...Ud. me pregunta si el pensamiento según el cual no existe ningún absoluto, y por lo tanto ninguna verdad absoluta, sino solo una serie de verdads relativas y subjetivas, se trate de un error o de un pecado. Para empezar, yo no hablaría, ni siquiera para quien cree, de una verdad «absoluta», en el sentido de que absoluto es aquello que está desatado, es decir, que sin ningún tipo de relación. Ahora, la verdad, según la fe cristiana, es el amor de Dios hacia nosotros en Cristo Jesús. Por lo tanto, ¡la verdad es una relación! A tal punto que cada uno de nosotros la toma, la verdad, y la expresa a partir de sí mismo: de su historia y cultura, de la situación en la que vive, etc. Esto no quiere decir que la verdad es subjetiva y variable, ni mucho menos. Pero sí significa que se nos da siempre y únicamente como un camino y una vida. ¿No lo dijo acaso el mismo Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida»? En otras palabras, la verdad es en definitiva todo un uno con el amor, requiere la humildad y la apertura para ser encontrada, acogida y expresada. Por lo tanto, hay que entender bien las condiciones y, quizás, para salir de los confines de una contraposición... absoluta, replantear en profundidad el tema. Creo que esto es hoy una necesidad imperiosa para entablar aquel diálogo pacífico y constructivo que deseaba desde el comienzo de esta mi opinión..."
Francesco                                        
Publicado en Periodista Digital 11/9/2013

martes

Reflexión Pascual compartida por Alicia Pitarch

Es hora de entrar en la noche sin miedo,
de atravesar ciudades y pueblos,
de quemar lo viejo y comprar vino nuevo,
de quedarse en el corazón del mundo,
de creer en medio de la oscuridad y los truenos.
¡Es la hora de la vida nueva!

Es hora de levantarse del sueño,
de salir al balcón de la vida,
de mirar los rincones y el horizonte,
de asomarse al infinito aunque nos dé vértigo,
de anunciar, cantar y proclamar.
¡Es hora de la vida nueva!

Es hora de romper los esquemas de siempre,
de escuchar las palabras del silencio,
de cerrar los ojos para ver mejor,
de gustar su presencia callada,
de andar por los desiertos.
¡Es hora de la vida nueva!

Es hora de despertar al alba,
de descubrir su presencia entre nosotros,
de iniciar caminos nuevos,
de andar en confianza,
de pasar a la otra orilla.
¡Es la hora de la vida nueva!

Es la hora de confesar la vida,
de hablar poco y vivir mucho,
de arriesgarlo todo apostando por Él,
de sentarse a la mesa y calentar el corazón,
de esperar contra toda esperanza.
¡Es la hora de la vida nueva!

¡Es Pascua, el paso de Dios por nuestro mundo
lavando las heridas, sembrando esperanza, levantando la vida,
llenando de semillas nuestras alforjas vacías!...FELICES PASCUAS PARA TOD@S!!!!...GENTE TAN QUERIDA!!!!
 

La Pascua y la Utopía de un mundo mejor

Les comparto lo escrito junto a mi esposa (flamantes abuelitos):


A vos te decimos, entrañable  amig@: ¡La muerte ha sido vencida! Grito propio de lo que estamos festejando: La Pascua de Cristo. Pero no es sólo una cuestión doctrinal, o un recuerdo de un hecho pasado. Si fuera así carecería de significatividad para cada uno de nosotros, que vive una vida concreta, con sus realidades cambiantes a cuestas. Pero la Pascua “toca” nuestras vidas, pues no es lo mismo pensar que nunca más veremos a nuestros seres queridos que han fallecido,  que alimentar la esperanza del reencuentro; y no es lo mismo el esfuerzo cotidiano si todo termina en la tumba, que si todo continúa en la vida eterna. No es lo mismo vivir creyendo que el mal tiene la última palabra, que vivir luchando por un mundo mejor, con la certeza de que la Luz puede “resucitarnos”, iluminando nuestras oscuridades personales y sociales. No es sólo una expresión de deseo, es una realidad de la cual Cristo nos da garantías con su propia resurrección. Y para el que se hace la pregunta (muy válida por supuesto) con toda sinceridad: ¿Cristo habrá resucitado realmente? Uno podría decir que sólo se puede responder desde la fe… Pero no es una fe de la cual no se pueda razonar nada, y hay varios argumentos que se pueden inferir, pero escaparíamos a la intención de estas líneas (se puede seguir por privado). Pero es cierto que todo puede quedar en un saludo formal sin mucha pretensión de profundidad. En cambio: si nuestro corazón está puesto más en la Vida que en la “cultura de la muerte”, si el compromiso está en la búsqueda de la bienaventuranza del “hambre y sed de justicia”, si nos jugamos por Amor (así como el Jesús que celebramos se jugó por su causa), recién entonces podremos decir con convicción vital :¡FELIZ PASCUA! Y si sos ateo, o tenés otra creencia, LUCHEMOS JUNTOS POR UN MUNDO MEJOR! (A vos te decimos entrañable amig@, Y VA DE CORAZÓN!) 
Alicia y Lito






miércoles

Un via crucis especial! Gracias Fano por tu creatividad al servicio del Evangelio!

En esta cuaresma, tiempo de reflexión, encontrémonos con lo más profundo de nuestro ser.

Si todo un Dios dio la vida por nosotros, será porque, envueltos en su amor, valemos la pena!!!!

El cuento del mes

“…su padre lo vió y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.” (Lc. 15, 20)

EL INCENDIO

El padre prefería a las nenas, pero como ya tenía una, se ilusionó mucho al oír, en la puerta de la sala de parto, que su segundo hijo, que acababa de nacer, era un varoncito. Pensó que sería su compañero ideal y esto le daba alegría. Disfrutó mucho de ese bebé, y a medida que el niño crecía, se iban cumpliendo sus sueños: ir juntos a la cancha, enseñarle a jugar al fútbol, charlar con él sobre los valores sencillos de la vida, salir de paseo, y tantas cosas más…
Pero el tiempo pasó rápidamente, y aquel niño compañero, se convirtió en un adolescente arisco, crítico e independiente. Y si bien todos le decían que era una etapa normal, su comportamiento le resultaba incomprensible. No hizo falta mucho para que comenzaran a molestarle ciertas cosas del hijo: que no aportara para los gastos de la casa, que le usara el coche pero que no lo lavara, que cambiara de ánimo constantemente, y muchas cosas más., Pero sobre todo, le dolía que fuera inflexible al juzgarlo, justamente a él, que le había dado todo.
El hijo por su parte, había crecido ante la fuerte imagen de un padre que trabajaba sin cesar, que nunca le había pegado, que jugaba con él y que siempre estaba dispuesto a charlar. De chico creía que esa persona que le daba afecto y seguridad, era poco menos que un superhombre, pues lo veía perfecto.
Pero también para él, el tiempo pasó, y paulatinamente comenzó a descubrir en su padre, todos los errores que antes no percibía. Empezó a rivalizar con él, hasta en los pequeños detalles. Quizás inconscientemente, no le perdonaba el hecho de no ser ese superhombre, que en sus ilusiones de niño había idealizado. Es así como, al juzgarlo, pasó de un extremo al otro, pues ni había sido perfecto antes, ni era un manojo de defectos después; pero el muchacho no lo comprendía así.
Ni siquiera sus oficios eran parecidos, pues el padre era zapatero, y el hijo peluquero (uno se dedicaba a los pies y el otro a las cabezas). Una mañana como tantas, el joven iba en colectivo a su peluquería, y al pasar por la esquina de la zapatería (que normalmente estaba abierta desde una hora antes), miró hacia allí por la ventanilla, repitiendo la costumbre de cada día. Pero esta vez no se encontró con la escena de siempre...
Creyó que el corazón se le paralizaba al ver bomberos trabajando, aparentemente, contra un incendio en el local de su padre. De un salto se paró y tocó el timbre desesperadamente. Al bajar, y dejando atrás las quejas del conductor, corrió alocadamente hasta el lugar, sin saber con qué se iba encontrar. Empujando a la gente agolpada, llegó hasta el local, donde los bomberos acababan de terminar su trabajo, pero sus ojos desorbitados no encontraban lo que querían ver. Su mente solo atinaba a implorar a Dios, con las plegarias que había escuchado desde chico, en boca de quien hoy buscaba entre el tumulto y la confusión. Desorientado y al borde del llanto, comenzó a preguntar, hasta que de un local vecino ve aparecer la figura de su padre, con la cara negra de hollín, la mano vendada y la vista perdida. Corrió a su encuentro y se unieron en un abrazo interminable, en el que no hacían falta las palabras.
El hijo apretaba entre sus brazos a ese ser lastimado e indefenso, que poco tenía de superhombre, y el padre sentía el consuelo en los brazos de ese hijo, que poco tenía de perfecto, pero ambos se dieron cuenta, de lo mucho que tenían de necesidad mutua... Y en ese instante de amor, no les importó nada más.

martes

Editorial: ¿Cuál es el verdadero católico practicante?

Estamos en un tiempo litúrgico (cuaresma) en el que las prácticas religiosas toman un nuevo impulso en vistas al acontecimiento que hace que nuestra fe no sea vana: la resurrección de Cristo.
Pero una pregunta clave para revisar nuestra “espiritualidad” es: ¿Qué entendemos por prácticas religiosas? El famoso término “practicante”, ¿a qué hace acciones concretas hace referencia?…
Tradicionalmente el privarnos de algo a través del ayuno y la abstinencia o el no faltar a misa en día de precepto era (o es) considerado un buen indicador; como también lo es participar de algún movimiento eclesial o institución parroquial, pues se podría decir “¿qué mejor práctica que ésa?” Pero me animo a preguntar (y a abrir el libre debate haciendo comentarios por este medio): ¿no corremos el riesgo de caer en el cumplimiento como norma de relación con Dios? ¿No ponemos lo exterior por sobre lo interior? ¿No nos parecemos mucho al hijo mayor de la parábola del Padre misericordioso? (Lc. 15, 11-32)…
No quiero que ni yo ni nadie en nuestra amada Iglesia, corra el riesgo de ser llamado “sepulcro blanqueado” (Mt. 23, 27-32). Pero ¡qué difícil que es entonces definir al cristiano practicante!...
Sería equívoco de mi parte (y no es mi intención) quitarle importancia a las prácticas antes mencionadas, así como desmerecer la participación activa en movimientos e instituciones, y mucho menos restarle el valor capital de nuestra fe a la eucaristía (pues solos no podemos nada, por eso necesitamos alimentarnos de Jesús). Mi reflexión me lleva a pensar que si todo eso no va acompañado de un compromiso con la vida concreta y cotidiana de los hombres puede resultar un espiritualismo vacío de sentido, o un sacramentalismo que acota enormemente la inconmensurable grandeza del Amor recíproco que Dios nos ofrece, o un activismo meramente exterior que solo sirve para alimentar mi ego personal y cerrarme en un círculo en el que no acceden los que no son como yo, es decir los distintos tipos actuales de “paganos impuros”.
La respuesta, como siempre la encontramos en Jesús. De “mil” maneras distintas denunció el fariseísmo. Clara e insistentemente propuso una relación de intimidad filial con el Padre que nos ama. Nos advirtió sobre la posibilidad de convertirnos en guías ciegos (Mt. 15, 12-14). Criticó reiteradamente los ritos meramente exteriores, y propuso decididamente una espiritualidad de compromiso con el otro, demostrándolo con obras y palabras hasta dar la vida.
Pido perdón si hiero alguna sensibilidad, no es mi intención, pero cada vez más siento que el verdadero practicante es el que (con Cristo en el corazón, más que en la boca) lucha por un mundo mejor jugándose día a día:
El que trabaja incesantemente para llevar el pan a su casa a pesar de las desigualdades económicas que lo rodean. La madre que lucha para enfrentar la depresión (enfermedad, por si hace falta aclarar) y salir de ella a pesar de las incomprensiones de los cristianos “no depresivos” que señalan con el dedo. El joven que se esfuerza por ser él mismo y no lo que le proponen los demás, a pesar de la burla de los que sin saberlo son dominados por esclavitudes generadas por otros. La docente que no pierde el fuego de su vocación a pesar de la notoria desvalorización a la cual está sometida su tarea. El matrimonio que ante las crisis, las afrontan con valentía para salir fortalecidos, a pesar de que sus hermanos en la fe ya no tengan la misma actitud hacia los que los “defraudaron” por haber tenido un conflicto. La persona que afronta el duelo por la pérdida de un ser querido, llorando lo que hay que llorar, pero abriéndose a la esperanza que nos da la Pascua, a pesar que muchos le endilguen su falta de fe por haber llorado (cómo si Jesús no hubiera llorado ante la muerte de Lázaro…). El político (quiero tener esta ilusión) que ante la posibilidad de entrar en el espiral de la corrupción dice que no y se caracteriza por tener hambre y sed de justicia, a pesar de que esto haga que todos los demás políticos hagan campaña en su contra. El que se equivocó y lucha por volver al camino, aunque muchos del camino le cierren tranqueras. Y la lista podría seguir.
En fin, creo que practicar el Amor es el mejor indicador que Cristo nos dejó… Espero tu comentario, es hora de pensar juntos… pues resucitaremos juntos!!!!!!!!!!

El drama de las adicciones

La diócesis y su preocupación por “el drama de las drogas y el narcotráfico”
Luego de conocerse hace poco días, el documento de los obispos “El drama de las drogas y el narcotráfico”, la Pastoral Universitaria de Lomas de Zamora (PULZ), en conjunto con la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ), organizan una conferencia sobre “Trabajo social por la inclusión de adictos al paco”, a cargo del presbítero Carlos Rivero.
La exposición del sacerdote -integrante del Equipo Coordinador del Programa de Inclusión y Acompañamiento Integral de usuarios de Paco, de la Vicaría para las Villas de Emergencia del Arzobispado de Buenos Aires- será el jueves 5 de diciembre, a las 17:30, en la sede de la Biblioteca Central de la UNLZ ubicada en Juan XXIII y Camino de Cintura
“El padre Rivero nos relatará las características del arduo trabajo que vienen realizando en las Villas de la Capital Federal y nos abrirá perspectivas para afrontar el desafío en nuestra región”, dijeron desde la PULZ. “Con esta iniciativa buscamos aportar de modo bien concreto a la concientización sobre el drama de las adicciones que afecta especialmente a nuestros adolescentes y jóvenes. Al mismo tiempo, la conferencia busca estimular el trabajo en red de todas las organizaciones públicas y privadas en orden a desarrollar un abordaje más eficaz en la prevención, rehabilitación y reinserción de quienes padecen las adicciones”.
Además, la conferencia se presentará “como un modo adecuado para prepararnos a la Jornada de Ayuno y Oración por el drama de las drogas, que los Obispos argentinos han convocado para el próximo sábado 7 de diciembre; iniciativa-propuesta tanto para los católicos como para todos los hombres y mujeres de buena voluntad”.
En este sentido, la PULZ convoca especialmente a las diversas organizaciones vinculadas al tema (organismos estatales, ONG´s, Comunidades Terapéuticas, clubes, escuelas, etc.), a las Pastorales específicas (Adicciones, Salud, Social, etc.), a los agentes pastorales que trabajan con adolescentes y jóvenes, y a todo aquél que pueda sentirse interesado o comprometido frente a esta dura realidad que nos golpea de cerca.
Al finalizar la conferencia, se abrirá un espacio de diálogo y reflexión entre los presentes para pensar iniciativas tendientes al trabajo en red entre los distintos actores sociales de nuestra zona.
Más información: andresvallejos@ilomas.org.ar (P. Andrés Vallejos)  

Al llegar al final de cada página, no olvides clickear "Entradas antiguas" para seguir viendo material.

!El ciego Bartimeo! ¿Qué ves cuando me ves?


Un hermoso material!


El padre misericordioso en ritmo de Blues!


¡Cristo Rey! (con corona de espinas)

Este domingo hemos celebrado como todos los años a Cristo Rey. La liturgia nos lo recuerda de un modo significativo, pues en el texto del evangelio que hemos reflexionado, lo vemos a Jesús mostrando su reinado desde la Cruz. Un Rey Todopoderoso y Eterno... que lo demuestra torturado y agonizando... Es, por lo menos curioso, si uno se despoja de todo el andamiaje doctrinal que hemos recibido desde siempre. Pero no lo es tanto, si entendemos que el triunfo de Jesús está en no haberse doblegado frente a las presiones del poder, frente al dolor y el terror que provocan las torturas. Es haber sido coherente hasta el final con lo que era su identidad y su misión. Podía haber negado esa madrugada previa a la cruz en el juicio ante el Sanedrín (representantes del poder religioso judío), lo que ellos querían escuchar (que era el Hijo de Dios y así acusarlo de "blasfemia" penada con la muerte). Podía haber negado ante Pilato (representante del poder político romano, dominante en esa época), que era Rey (de eso lo acusaban los judíos ante el gobernador pues para los romanos también se penaba con la muerte). Podía haber implorado piedad de rodillas, jurando "portarse bien" cuando la gente elegía a Barrabás. Podía haber elegida una vida más acomodada y tener dinero para poder "influir" y evitar su condena. Pero no hizo nada de eso... y es lo que lo hace el Rey de mi vida! Su ejemplo de no claudicación es necesario hoy, pues "reina" otro tipo de poder, en donde la dignidad queda de lado por el encumbramiento sostenido por el dinero, el acomodo, la hipocresía y la corrupción. ¡Quiero seguir a mi Rey! El que eligió entrar en un asno, el que enfrentó a los que lo podían matar, el que fue "voz de los sin voz". Con todos mis errores, deseo profundamente transmitir a este Jesús comprometido con la causa del Amor. Y al final de mis días, consciente de mis limitaciones, pero seguro de haberlo intentado, poder decirle confiadamente como el ladrón "Acuérdate de mi cuando estés en tu Reino" 

domingo

Recurso catequístico Cura Brochero. Fuente: elrincondelasmelli

Segunda parte: Génesis o Big Bang? Fe o ciencia? A quién le tengo que creer? Teología rockera 8


Génesis o Big Bang? Fe o ciencia? A quién le tengo que creer? Teología Rockera 7


Beato Cura Brochero: de sacerdocio, santidad y demás yerbas.

Este 14 de septiembre el pueblo católico argentino tuvo un día de fiesta religiosa. La Beatificación del llamado cariñosamente "Cura Brochero" movilizó muchos corazones, pues la vida de este sacerdote cordobés (1840-1914) es evidentemente un ejemplo a imitar. Pero ¿cuál fue la característica principal de su sacerdocio? Sin dudas (al menos de mi parte) la plena convicción de que la evangelización va íntimamente unida a la promoción humana. Bregar por la construcción de caminos, de acequias que permitan la llegada del agua a los barrios, de escuelas que permitan la formación integral de los lugareños ES TAMBIÉN EVANGELIZAR! Transmitir el evangelio (la Buena Noticia) de Jesucristo es pensar en TODO el hombre y en TODOS los hombres. Evangelio y promoción humana es lo que José Gabriel Brochero buscó denodadamente hace tanto tiempo, y aún hoy hay sectores que necesitan recordar la unidad indisoluble de ambos conceptos. Una espiritualidad que no incluya la dignidad humana en toda su integralidad, es un espiritualismo vacío de contenido. Es un ejemplo, no solo para los sacerdotes siglo 21, sino para todo cristiano que quiera volver al "Amor primero", a aquél Jesús que le devolvió a los marginados de su tiempo, la certeza de que la vida vale la pena, pues Dios los ama.

domingo

Ser santos según el Papa Francisco. (Aporte de Mariángeles Blanco)

"Necesitamos santos sin velo, sin sotana. Necesitamos santos de jeans y zapatillas.

Necesitamos santos que vayan al cine, escuchen música y paseen con sus amigos.


Necesitamos santos que coloquen a Dios en primer lugar y que sobresalgan en la Universidad.


Necesitamos santos que busquen tiempo cada día para rezar y que sepan enamorar en la pureza y castidad, o que consagren su castidad.


Necesitamos santos modernos, santos del siglo XXI con una espiritualidad insertada en nuestro tiempo.


Necesitamos santos comprometidos con los pobres y los necesarios cambios sociales. 


Necesitamos santos que vivan en el mundo, se santifiquen en el mundo y que no tengan miedo de vivir en el mundo. 


Necesitamos santos que tomen Coca Cola y coman hot-dogs, que sean internautas, que escuchen iPod. 


Necesitamos santos que amen la Eucaristía y que no tengan vergüenza de tomar una cerveza o comer pizza el fin de semana con los amigos. 


Necesitamos santos a los que les guste el cine, el teatro, la música, la danza, el deporte. 


Necesitamos santos sociables, abiertos, normales, amigos, alegres, compañeros. 


Necesitamos santos que estén en el mundo y que sepan saborear las cosas puras y buenas del mundo, pero sin ser mundanos".

jueves

Felipe y una buena catequesis!

Encuentro con la Palabra

El mundo de hoy está ávido de sentido de la vida. La Palabra de Dios nos revela con amor ese sentido que por la sola razón no podemos encontrar. La catequesis (y por ende los catequistas) puede ser el medio, el vehículo, o el instrumento a través del cual se produzca el encuentro entre el hombre que necesita respuestas a sus preguntas existenciales y Dios que quiere regalarnos la Verdad que da sentido a la vida.

Felipe y su catequesis (reflexión basada en Hech. 8, 26-40)

Este texto puede resultar de suma utilidad para los que queremos trasmitir a Cristo a través de la catequesis. Siempre con la certeza de que no se agota (ni mucho menos) las posibilidades de reflexión de un texto con un solo comentario. Por el contrario, sabiendo que la riqueza de la Palabra de Dios es inagotable, queremos aportar una posible mirada en clave catequística sobre el tema.
“El Ángel del Señor dijo a Felipe: «Levántate y ve hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza: es un camino desierto». El se levantó y partió”.

En primer término, es de notar que Felipe se deja conducir, es el Espíritu el que le va marcando caminos, que a veces pueden ser caminos “desiertos” e inesperados. El catequista también debe ser dócil al Espíritu que sopla donde quiere…Pero dejarse conducir no es inacción. Felipe puso de sí, se levantó y partió, es decir que no se quedó sentado a esperar, se puso en camino del otro. La entrega y docilidad no anula la libertad del que pone su voluntad al servicio de ese Dios que lo llama.
Un eunuco etíope, ministro del tesoro y alto funcionario de Candace, la reina de Etiopía, había ido en peregrinación a Jerusalén y se volvía, sentado en su carruaje, leyendo al profeta Isaías. El Espíritu Santo dijo a Felipe: «Acércate y camina junto a su carro». Felipe se acercó
En el camino se encuentra con alguien que está en búsqueda, que tiene inquietudes que necesita canalizar. Al igual que en aquellos días, hoy los caminos de la vida están llenos de ansias de felicidad, de una dicha que solo Dios puede dar. Felipe se acerca (la cercanía del catequista con el catequizando es imprescindible para saber partir de sus inquietudes, cosa imposible si no se conoce la situación del otro. es desde la cercanía que se hace posible la apertura de corazón. Pero no “toma el carro por asalto”, no se sube por la fuerza ni se impone, no fuerza situaciones, sino que camina junto al carro. Saber acompañar, esperar el momento adecuado, hace más permeable el corazón del otro, y evita cerrazones que luego resultan difíciles de abrir.

y, al oír que leía al profeta Isaías, le preguntó: « ¿Comprendes lo que estás leyendo?». El respondió: « ¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?». Entonces le pidió a Felipe que subiera y se sentara junto a él.
El siguiente paso es suscitar en el otro el “cuestionamiento”. Mediante una pregunta, logra que el etíope se cuestione y le surja la necesidad de recibir respuestas. La motivación es esencial para la captación del mensaje. Y la apertura del corazón se produce: Felipe es invitado a subir, y ahora sí lo hace.
El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era el siguiente: "Como oveja fue llevado al matadero; y como cordero que no se queja ante el que lo esquila, así él no abrió la boca. En su humillación, le fue negada la justicia. ¿Quién podrá hablar de su descendencia, ya que su vida es arrancada de la tierra?" El etíope preguntó a Felipe: «Dime, por favor, ¿de quién dice esto el Profeta? ¿De sí mismo o de algún otro?».
El diálogo permite a Felipe conocer la situación del otro, sus dudas e inquietudes, sabe bien de dónde partir. El catequista debe tener la sensibilidad, la prudencia y la sabiduría para conocer los enigmas que brotan del corazón del otro.
Entonces Felipe tomó la palabra y, comenzando por este texto de la Escritura, le anunció la Buena Noticia de Jesús.
Los interrogantes, las situaciones de vida, las realidades del otro son ahora iluminadas por la Palabra de Dios. De la misma brotará el mensaje que permita el encuentro con Jesús y su Buena noticia. Si la Biblia y su mensaje no resulta una “Buena nueva” para el otro, es que algo anda mal en nuestra catequesis. Transmitimos un “Evangelio” de amor que puede cambiar la vida del que se descubre amado por Aquél que está Vivo y me llama amigo.
Siguiendo su camino, llegaron a un lugar donde había agua, y el etíope dijo: «Aquí hay agua, ¿qué me impide ser bautizado?». [Felipe dijo: «Si crees de todo corazón, es posible». «Creo, afirmó, que Jesucristo es el Hijo de Dios».] Y ordenó que detuvieran el carro; ambos descendieron hasta el agua, y Felipe lo bautizó.
La celebración de la fe brota espontáneamente cuando se ha producido el encuentro. Pretender que sea al revés suele ser uno de nuestros errores al encarar un proceso catequístico (lo mismo sucede con la moral cristiana, que es respuesta de amor al Amor)
Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor, arrebató a Felipe, y el etíope no lo vio más, pero seguía gozoso su camino. Felipe se encontró en Azoto, y en todas las ciudades por donde pasaba iba anunciando la Buena Noticia, hasta que llegó a Cesarea.”
La tarea del catequista es sembrar, pues cuando el otro realizó su proceso, puede que no lo veamos más. El catequista debe saber disminuir para que Cristo crezca en el corazón del otro. Dios es el cosechador. No importa si no vemos más a nuestros catequizandos, pues lo importante es que ellos sigan gozosos su camino. Que hallen la enorme dicha de haber profundizado el encuentro con uno mismo, con Dios y con los demás. Y nosotros felices de estar llamados (al igual que Felipe) ¡a anunciar la Buena noticia por donde nos toque pasar!

lunes

El cuento de la semana

"Hacer presente el Evangelio en nuestro mundo...este es el desafío. (...) es uno el mensaje que queremos encarnar en las actuales circunstancias". Hna María Inés Corral (A.P.)
UN LOCO SUELTO EN LA CIUDAD
La gente está preocupada, pues la primera plana del diario titula: "HAY UN LOCO SUELTO EN LA CIUDAD". El rumor se extiende, y la sociedad, satisfecha en su cordura, ve amenazada su tranquilidad por la locura de algún insatisfecho. Unos a otros van contando historias del personaje en cuestión, creando así, una leyenda casi increíble, pues todos concluyen con ironía, que nadie puede estar tan loco.
Dicen que parece tener una vida normal: comerciante, casado, con hijos, incluso con problemas parecidos a la gente normal, como por ejemplo la falta de dinero. Pero ahí, justamente, es por donde empiezan a vislumbrase sus "rarezas". Cuentan (por citar solo algunas), que un fin de semana decidió cerrar su negocio para colaborar en un retiro de jóvenes de no sé que movimiento, sin importarle la plata que perdía. Otros dicen que un día, le robaron dinero en la calle, y que lo hubiera podido recuperar, mintiendo al seguro que el robo había sido dentro de su comercio, Y NO QUISO!!! Ademas el loco dice que nunca es tarde para realizar la vocación, y estudia para docente (justo cuando éstos, están menos pagos). Y en lugar de querer ser profesor de computación, matemática, contabilidad, u otra cosa al menos un poquito mas rentable, quiere enseñar filosofía. Evidentemente, su locura lo hace desestimar al dinero, si hasta cuando en su parroquia, hablan de juntar fondos para la construcción del nuevo templo, él habla de evangelización, espiritualidad, y no sé cuántas cosas mas , "sobreentendidas" para una comunidad parroquial... Y lo mas "tragicómico", es que el loco, es consciente de la cantidad de pecados y defectos que tiene encima, e igual se cree llamado y amado por Dios. Es de no creer!
"Sus actitudes pueden ser perjudiciales para la sociedad", decía la nota en el periódico, y daba varios ejemplos. Cuando el mundo político todo, gira en torno a los grandes capitales, él se preocupa por los pobres y desprotegidos. Cuando la "moda" era estar en los extremos, él decía que no los necesitaba para pedir por la dignidad del hombre. Cuando la violencia ya está admitida por la mayoría, es capaz de recibir una trompada por separar a dos desconocidos que se pelean en la calle, ante la mirada entretenida de los curiosos. Evidentemente su estado parece ser grave.
Otra prueba de su insania es que cuando la "lógica humana dice que hay que devolver agresión por agresión, él paga bien por mal. Cuentan que si intentan quitarle sus derechos, no reacciona de inmediato, pero no para dejarse avasallar, sino para pensar en la manera adecuada de defenderlos. Como verán es realmente inentendible.
La gente comenta con razón, que no se puede confiar en una persona que cuando su hijo le pide que le regale la estrella mas grande y luminosa del firmamento, le rompe el corazón diciéndole que no, y le ofrece una mas chica y menos brillante, con la que (según él), será mas feliz.
Toda la ciudad está escandalizada de sus dichos y hechos, que van trascendiendo. El loco dice cosas como que solo es intolerante con la intolerancia; o que no es del mundo, pero tiene que estar metido en el mundo, y otras cosas igualmente incomprensibles. Además, este inadaptado social, es capaz de pedir perdón, decir la verdad, tratar bien a la gente, tener esperanza, educar a sus hijos , y hasta (crease o no) ser fiel a su esposa!
Está creído que está en el mundo para amar, y por supuesto, para la sociedad de hoy, a dos mil años del comienzo de la era cristiana, eso es una antigüedad, y casi nadie lo comprende. Y el loco sufre por esto, y mucho..., pero a pesar de todo (y he aquí otro síntoma de su locura) es muy feliz. Aunque quizás lo mas preocupante para la gente, es el final de la nota del diario, pues gracias a la investigación, se podría afirmar, que habría que tener mucho cuidado, pues este loco...NO ES EL UNICO!...
*(Mc. 3, 20-21) (Jn. 15, 18-21) (2 Tm. 4, 1-5)
"El Dios escondido", José Balabanian, Ed. San Pablo

lunes

Jornada mundial de la Juventud 2013

Estamos ante un acontecimiento importantísimo para la construcción del Reino, pues esta JMJ se vio evidentemente potenciada por el efecto "Papa Francisco". Con alegría y sano orgullo reconocemos que el mundo entero está conmovido por la llegada del Papa del "fin del mundo" y su mensaje (a través de palabras y gestos) moviliza aún a los no cristianos. Todos estamos a la espera de este acontecimiento, que será a su vez el punto de partida de lo que han llamado el "evangelio social", tan necesario para una Iglesia cercana al mundo y sobre todo en la realidad latinoamericana. El Papa no se predica a si mismo, por el contrario está tratando de imitar, en parte al menos, los pasos ya dados por Jesús hace 2000 años atrás por los caminos de Palestina. Es decir que Bergoglio no está inventando nada... PERO QUE FALTA QUE HACÍA QUE ALGUIEN RECUPERARA CON ESTA CLARIDAD LOS PASOS DE JESÚS!
Te invito a comentar y compartir todo lo que quieras y te llame la atención de estos maravillosos días de encuentro en Río. Que el amor de Dios nos siga acompañando e impulsando!

viernes

Al llegar al final de cada página, no olvides clickear "Entradas antiguas" para seguir viendo material.

jueves

En el año de la Fe, mirémonos para crecer (V)


Lo que vivimos:

Eje “moral”

No pocas veces, los no cristianos nos ven a los que queremos transmitir a Jesús, como una suerte de “la voz de la conciencia”, los que decimos cómo hay que vivir, sentenciando desde nuestra moral, las conductas de los otros. Esta actitud moralista, termina marcando nuevamente la diferencia entre “los puros y los impuros”, “los de adentro y los de afuera”, los que nos vamos a salvar por nuestra “moral cristiana” y los que se tienen que convertir urgente haciendo lo que nosotros le decimos. Lejos de seducir a las personas hacia Cristo, las suele atrincherar en su “a mi déjame así que estoy bien”, basados en un “¿y éstos, quién creen que son?”, y tentados a dejar en evidencia nuestra hipocresía, enumerando o imaginando (dependiendo del grado de conocimiento que tengan de nuestras vidas privadas) los errores que, como todo ser humano, cometemos.
Evidentemente, en esta suerte de evangelización mal entendida, influye nuevamente qué imagen de Dios tenemos. Si el Dios en el que creemos, dicta sentencias morales a cumplir y castiga a los que transgreden y premia a los que cumplen, es de entender que el que cumple estas leyes impuestas desde afuera (en este caso por Dios), crea que es más que los demás y desee (aún con buena intención) que los demás actúen como él, para que Dios frene el castigo que les corresponde y los premie por sus méritos. Pero una vez más necesitamos preguntarnos: ¿es éste el Dios en el que creemos? Si la respuesta es no: ¿en qué nos basamos? ¿Por qué hay cristianos que creen que debe ser así? ¿De donde parte la confusión? De nuevo intentaremos, de acuerdo a la intención de este libro, dar respuestas sencillas, con plena conciencia de que es sólo un recorte de lo mucho y profundo que podría decirse. Pero aún así, con la convicción de lo que afirmamos y lo que buscamos con esta propuesta, les compartimos nuestra mirada…

La moral del Antiguo Testamento

Al hablar de la Revelación y la Alianza, comentamos cómo se fue descubriendo a Dios progresivamente en el seno del pueblo de Israel, y cómo se podía expresar la relación con este Yahwéh que quería hacer Alianza con su pueblo. Y recurrieron a un género literario propio de la época (siempre para hablar de Dios, el hombre recurre a su lenguaje humano, pues no tiene otro), los pactos de vasallaje que se ponían por escrito y se leían a los pueblos intervinientes (el victorioso que dominaría, por un lado, y el que perdió la batalla y acepta ser vasallo (súbdito) del otro). Este modo de expresar la Alianza de Dios con su pueblo, era muy primitivo y limitado, pues acota el Amor de Dios a una relación basada en el cumplimiento de leyes, fría y moralista, que refleja a un Dios severo con quien transgrede. Hemos recorrido la progresión de la Revelación (cómo Dios paciente y pedagógicamente se fue “mostrando” de a poco) a lo largo de la Biblia, hemos sacado una conclusión que repetimos como para que no queden dudas: quedarse anclado en los textos antiguos, sin verlos en su contexto histórico, ni ver la plenitud de la Revelación que nos regaló Dios mismo asumiendo la naturaleza humana, es un grave error, teológico, bíblico, y pastoral.
Que quiero decir con todo esto: ¿no sirven más los mandamientos?, ¿no existe acaso una moral cristiana?, ¿cuál es, en todo caso, la moral que el Hijo de Dios nos trajo, llevando lo limitado y antiguo hacia la plenitud? Veamos…

Mandamientos y Bienaventuranzas

La moral cristiana no está basada únicamente en los Mandamientos[1] (válida expresión de la Antigua Ley), sino en las Bienaventuranzas[2]. Pero una expresión no anula a la otra, sino que la complementa, la eleva, le da un sentido nuevo (incluso más exigente), que me impulsa y no me deja quieto en la construcción del Reino. Si en las raíces de la Revelación, el pueblo decía: no hay que hacer a los demás lo que no te gusta que te hagan, en la Ley del Amor será: hay que hacer por el otro lo que te gustaría que hicieran por ti. Los mandamientos son lo que no hay que hacer, y esto sigue siendo válido para todos los tiempos, pues son el piso desde donde arrancamos una moral básica y lógica, pero Jesús me invita a no quedarme en “no hacer el mal”, sino que me impulsa a “hacer el bien”, que no es lo mismo. Una ley me prohíbe lo malo, la otra no la anula, sino que desde ese actuar básico (evitar el mal) me dice que seré “Feliz” (Bienaventurado) si me animo (aún arriesgándome) a hacer el bien. Esto intentó Jesús transmitir desde el pie de un monte (así como Moisés enunció la antigua Ley al pueblo al pie del monte Sinaí), al decir “ustedes oyeron…” citando textos de la Ley antigua, y agregaba “pero yo les digo…” y nos dejó una ley mucho más exigente, pues no me instala en la comodidad del cumplimiento, sino que me llama a la construcción del Reino. Nueva Ley que me convierte, de ser un fiel observante de las prescripciones, a un Testigo del Amor de Dios hacia la humanidad. Para la persona que ama “el amor es la ley suprema de su vida (ley interior, ley del corazón) y a la que subordina toda otra ley (mandamientos,…, tradiciones, costumbres).Pero esto no implica contradicción, en principio, porque todas las leyes brotan del amor… Cuando San Agustín decía –Ama y haz lo que quieras- resumía una moral y no predicaba un laxismo de las ganas”[3]. Por eso Jesús, comienza su discurso (conocido como el “Sermón del monte”) proclamando las Bienaventuranzas y lo finaliza dando la posibilidad de construir sobre la “Roca” que es su Palabra[4]. Más que una enumeración de preceptos, la Moral cristiana es un estilo de vida para el hombre, el que nos propone Jesús de Nazareth, no encerrado en un cumplimiento individual y evasionista, sino en una apertura a Dios y a los demás, por eso “…justamente Jesús fue hombre en su máxima expresión: -Aquí tenéis al Hombre- (Jn. 19,5), el proyecto definitivo y último del “ser hombre”. Con su actitud nos está diciendo que cuanto más nos abrimos a los otros y al Gran Otro, cuanto más libres somos para los otros y para el Gran Otro, más nos convertimos en personas”[5].
Pero aún así, pareciera no dejar de ser algo a cumplir… salvo por un “detalle”: la verdadera motivación de dicho “cumplimiento”. Para entender esto, debemos descubrir que la moral cristiana es una moral de respuesta. Para ello, es imprescindible haber descubierto la Buena noticia. Un Evangelio que toca, transforma y da sentido a nuestras vidas, que nos revela a un Dios que nos ama profunda e incondicionalmente, y por todo esto, provoca en nuestro interior un deseo de responder con amor al Amor. Por eso, la moral cristiana no es un cumplimiento jurídico ante un Dios que me puede castigar o premiar, sino que tiene su motivación más profunda y verdadera en el Amor. Juan Pablo II nos recordará en una de sus encíclicas[6] a San Agustín preguntándose: “¿Es el amor el que nos hace observar los mandamientos, o bien es la observancia de los mandamientos la que hace nacer el amor?”. Y responde: “Pero ¿quién puede dudar de que el amor precede a la observancia? En efecto, quien no ama está sin motivaciones para guardar los mandamientos.[7]
Llevándolo al plano de las opciones personales, podemos agregar que mientras sea una moral impuesta desde afuera (extrínseca), no tendrá consistencia ni generará perseverancia. Es lo que se denomina “moral heterónoma”. En cambio, cuando la moral es respuesta firme, que surge del interior (intrínseca) de un corazón que se reconoce amado, tendrá la entereza de la propia decisión, que expresa un sentido encontrado en el Amor. Es lo que llamamos “moral autónoma”. Será entonces, una opción fundamental.
Pastoralmente, se puede caer en el error de ubicar la liturgia y la moral, antes que la Buena nueva (Evangelio). Por un lado, quedó claro que no puede celebrarse lo que no se conoce, por eso la Liturgia es la celebración de la fe ya descubierta. Por otro, la moral cristiana no surge de la conducta de cada uno que provoca que Dios nos ame, sino que es el Amor primero de Dios que suscita en nuestras vidas, una respuesta humilde, agradecida, comprometida y amorosa.
Volviendo a los cuestionamientos del principio: ¿qué es lo que tenemos que transmitir? No quedan dudas: el Evangelio, y no un conjunto de leyes a cumplir; una Buena Noticia, y no una moral que cargue en los hombros de los demás, cosas que a nosotros se nos suelen caer; un testimonio de amor, con la humildad del que se sabe igual al otro y quiere que juntos experimentemos el amor de Dios y la vocación de construir un mundo mejor; un sentido profundo; una felicidad posible; un Amor eterno… entonces, la moral cristiana brotará de cada corazón amado.



[1] Cfr. Éx, 20,1-17
[2] Cfr. Mt. 5,1-12
[3] BRUNERO, María Alicia. “La moral de los cristianos no es un yugo”. Ediciones Didascalia. 1998. Cap. 15, pág. 203.
[4] Este “Sermón del monte” lo encontramos en el evangelio de Mateo en los capítulos 5, 6 y 7. Cómo Mateo dirige su evangelio a los cristianos provenientes del judaísmo, es programática la comparación entre la antigua ley y la nueva ley que trae Jesús. Si bien se percibe en toda su obra, en estos capítulos es mucho más explícita.
[5] GASTALDI, Ítalo. “El hombre, un misterio”, EDBA, 1996, 2º parte cap. 2 pto. II, 2.2, e
[6] JUAN PABLO II. Veritatis Splendor, Cap. I, pto 17 Ed. San Pablo 1993
[7] SAN AGUSTÍN. In Iohannis Evangelium Tractatus, 82, 3: CCL 36, 533

En el año de la Fe, mirémonos para crecer (IV)


Lo que celebramos:

Eje “celebrativo”

Toda expresión religiosa del hombre a lo largo de la historia, incluye de algún modo el “rito”, la celebración de lo que se cree, en donde el poder de lo simbólico ayuda a cargar de sacralidad lo cotidiano. Los signos expresan veladamente (pero realmente) los canales abiertos entre el hombre y la Divinidad. Nuestra fe no está exenta de este marco celebrativo, instituido por Jesucristo, celebrado por los primeros cristianos ya desde los orígenes de la Iglesia y continuado hasta hoy, por el mismo Pueblo de Dios, a través de lo que llamamos Liturgia.
Pero el hombre puede perder de vista el sentido profundo y verdadero de esta hermosa posibilidad humana de celebrar nuestra fe. No es intención de este libro hacer un tratado de Liturgia ni mucho menos (para conocer más sobre esto abundan los libros que analizan y ayudan a aplicar la renovación litúrgica del Concilio Vaticano II), sólo intento que re-descubramos juntos el deseo de celebrar.
El primer paso (necesariamente acotado en este libro, pero esencial) está dado en los ejes anteriores: ¡hay mucho que celebrar! El Dios en el que creemos es dador de Vida, pero no sólo de impulso biológico, sino que nos dio su “aliento” de vida[1], somos su imagen, nos hizo a su semejanza[2], “poco inferior a los ángeles”[3], Ninguno de nosotros está en la vida por casualidad. Fuimos queridos por Dios. Y somos sostenidos en la existencia por su infinito Amor hacia cada uno de nosotros. Ahora bien, dijimos que además nos creó con un deseo de búsqueda de Aquello que nos sacie nuestro anhelo de felicidad, pues quiere que la hallemos. Pero no se contenta con el esfuerzo humano por encontrarlo, sino que sale a nuestro encuentro para revelarse, de modo que podamos encontrar respuesta a nuestras preguntas existenciales y de ese modo encontrar las razones para vivir y ser feliz. Dios es también dador de sentido de la Vida. Pero la originalidad de nuestra fe encuentra su expresión cumbre en el hecho de que creemos en un Dios que se hizo hombre, para salvarnos desde nuestra propia realidad, hacerse visible de tal manera que su Revelación llegue a la Plenitud. Locura inadmisible para muchos[4], “locura” de Amor para nosotros, de la cual la Cruz fue su máxima expresión.
De cualquier modo, todo hubiera quedado trunco sin la Resurrección de Jesús. La Pascua de Cristo es la que le da sentido a todo[5]. De allí brotan los canales de gracia que Jesús dejó para nosotros y que la Iglesia administra en el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo[6]. La Pascua llena de sentido nuestras vidas, pues si tenemos esperanza de encontrarnos nuevamente con nuestros seres queridos que han fallecido, es por la Pascua de Cristo, si la propia vida no se termina en la tumba, (y por ende es más fácil enfrentar las cruces que nos pone la vida), es por la Resurrección de Jesús. Por eso transmitimos el kerigma[7] en relación íntima con la vida concreta. Pero además (y siguiendo con los motivos para celebrar), sabemos que Dios respeta nuestra libertad, sin abandonarnos a nuestra suerte. El Dios en el que creemos, nos acompaña en el camino, hasta que nos regale la plenitud eterna que esperamos. A toda esta suerte de resumen humilde (y casi irrespetuoso de mi parte al pretender sintetizarlo en pocas líneas) de nuestra fe, habría que agregar dos cosas no menos importantes: las vivencias personales del Amor de Dios hacia nosotros, y los motivos de alegría humana que toda persona tiene si sabe buscar en su historia personal (pero esto, obviamente, se lo dejo a cada lector). A esta altura, cabe preguntarse: ¿alguien puede dudar de todo lo que hay para celebrar?
Ahora bien, “celebrar” y “cumplir” empiezan con la misma letra, pero ésta es su única similitud. Cuando la fe personal se mide por la cantidad de misas a las que asistimos, o el compromiso de “la gente” lo juzgamos por su asistencia a las celebraciones dominicales (con la consiguiente crítica hacia afuera, es decir de “los que vienen a misa” hacia “los que no vienen”) es, al menos un reduccionismo impresionante de lo que Jesús transmitió en los caminos de Palestina. Si “asistimos” a las celebraciones sacramentales, sólo por “cumplir con la Iglesia y sus preceptos”, mirando de reojo al que no va, u observando críticamente al que va pero no sabe responder a una oración, o desconoce en qué momento debe pararse o sentarse, podríamos asegurar que el fariseísmo no acabó…
Yo necesito alimentarme de Jesús, pues descubrí que no puedo enfrentar sólo la vida… Y Él me regala en cada Eucaristía su Cuerpo y su Sangre.
Deseo profundamente dar mi respuesta libre y “sumergirme” en la Salvación que gratuitamente ya me regaló… Y Él me dejó el Bautismo.
Descubrí su inmenso amor y quiero proclamarlo al mundo (o por lo menos a mi “porción de mundo”)… Y Él me impulsa a través de su Espíritu en la Confirmación y me convierte en su testigo.
Tanto Dios como yo sabemos que me voy a equivocar una y mil veces (o setenta veces siete[8])… Y Él me deja abierta la posibilidad de la Reconciliación…
Y podríamos seguir enumerando pero siempre vamos a llegar a lo mismo: Dios sabe que lo necesito, y ahí está, acompañándome como Buen amigo[9], sin hacer el camino por mí, pero dándome la fuerza necesaria para seguir adelante.
Me gozo en descubrir a un Dios que es comunidad de Amor y junto a mi Pueblo (comunidad, por ser imagen de Él) celebro la dicha de sentirme amado.
Por algo, la Iglesia propone una participación de los fieles en la Liturgia consciente, activa y fructuosa[10], sin la cual sólo estaríamos ante cumplimiento de un rito vacío de significatividad vital. Por algo también el Concilio insistía en la adaptación de la liturgia a las culturas[11], y en la simplificación de los ritos[12]
Lejos todo esto de un cumplimiento burocrático sacramentalista, en el cual se puede caer con facilidad cuando se nos desdibuja el verdadero rostro de Dios. Es cierto que hay normas y rúbricas[13], y que muchas de ellas tienen un bello sentido simbólico (que hay que enseñarlo y no darlo por supuesto), pero cuando las formas son más importantes que la esencia, perdimos el camino…
Quizás, debamos volver a leer lo que Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles nos muestra de las primeras comunidades[14], en donde no aparece la palabra cumplimiento, ni condenación, sino que en el centro del relato se puede encontrar la mención a la alegría y sencillez de corazón. Finalmente, la celebración de nuestra fe brota espontáneamente (como toda respuesta de amor al Amor), de nuestros corazones y se expresa a través de la Liturgia, como Pueblo unido y diverso que refleja la imagen de nuestro Dios: Uno y Trino, dador de Vida y Amor.
Por algo San Pablo, lejos de plantearlo como una carga, y aún sufriendo la prisión por anunciar a Jesús, le escribe a su amada comunidad de Filipos: “Alégrense siempre en el Señor…El Señor está cerca. No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces, la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo sus cuidados los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús”.[15]



[1] Cfr. Gén. 2,7
[2] Cfr. Gén. 1,26
[3] Sal. 8,6
[4] Cfr. 1 Cor. 1,23
[5] Cfr. 1 Cor. 15,17
[6] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Sacrosanctum Concilium 7
[7]Primer anuncio”, que en los albores de la Pascua y en boca de los apóstoles fue un -“¡está vivo, resucitó!”-
[8] Cfr. Mt. 18, 21-22. Teniendo en cuenta el valor simbólico del número siete para los judíos (7= plenitud), la exageración en la respuesta de Jesús podría “traducirse” como un simple “siempre”.
[9] Cfr. Jn. 15,15
[10] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Sacrosanctum Concilium 11.
[11] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Sacrosanctum Concilium 37-38.
[12] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Sacrosanctum Concilium 50.
[13] Los libros litúrgicos tienen unos escritos (rúbricas) en distinto color que dicen cómo se tienen que hacer las cosas en cada momento de la celebración. Son necesarias y cada una de ellas tiene un sentido, pero la importancia desproporcionada dada estas indicaciones por encima de lo fundamental, es una distorsión de la Liturgia conocida como “Rubricismo”.
[14] Hech. 2,44-47
[15] Flp. 4,4-7
RESULTADO DE ENCUESTAS ANTERIORES: