sábado

Ante el comienzo de clases, va nuestro homenaje a las maestras.

La maestra se dirigió al colegio como todos los días, aunque ese día no era uno más, pues las preocupaciones la embargaban. La tristeza se le notaba, por más que intentara disimularlo en cada saludo a cada una de sus compañeras. Colgó el saco en la sala de maestros, se dirigió hacia el patio y comenzó su rutina de ordenar a sus alumnos en la fila, que con sus gritos, empujones y risas demostraban estar totalmente ajenos a su dolor.

El camino hacia el aula, transcurrió entre retos brotados automáticamente y sensaciones interiores de amargura y falta de sentido.

Y allí estaba otra vez como todos los días al frente de un grupo de pequeñas personitas que desordenadamente iban acomodando sus mochilas, cargadas de cuadernos, cartucheras y sueños.

La maestra pensaba en su problema mientras una voz le imploraba –“¿puedo ir al baño?”- pensaba cuan cansada estaba mientras oía un grito de fondo –“seño” mírelo me esta pegando” -, reprimía sus ganas de llorar, al tiempo que otra vocesita le comunicaba “-me olvidé el libro, ahora que hago”-.

Muchas voces juntas para una persona con un mal día. Pero de pronto reaccionó ante un –“seño: ¿qué le pasa”- y volviendo la vista hacia el grupo, vio que la miraban curiosos y sorprendidos, con un silencio que hacia tiempo que no lograba.

Y al verlos así, reencontró en los ojitos de sus alumnos, como todos los días, el sentido de su vida...

Del libro "Destellos de Luz, reflejos de vida" de José Balabanian Ed. San Pablo (En edición)

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