Catequesis escolar: Escuché la siguiente frase "los tuvimos en nuestro colegio parroquial 12 años y en Bariloche no se diferencian en nada del resto". Consideran que es así? Pudo el colegio marcar la diferencia y no lo hizo? Hay que replantearse la pastoral escolar?
Escucho opiniones, propuestas, ideas, etc, y quizá saquemos algo en limpio que nos sirva!
"Somos catequistas" intenta ser un espacio de comunicación y de compartir recursos para la difícil y apasionante tarea de trasmitir el Evangelio. Periódicamente se irán agregando nuevos elementos para la reflexión y la tarea. Lo incluído no apunta a la uniformidad sino a la unidad en la diversidad, el debate, la valoración de la opinión del otro. Por ende es importante la participación con el voto, el comentario o el envío de material (lito.balabanian@gmail.com) Bienvenidos.
jueves
domingo
La fiesta del Espíritu!
Hoy recordamos una experiencia única de fe: la venida del Espíritu Santo.
Si tomamos el texto de Lucas, (pedagógico, cronológico, dándole un sentido nuevo a la fiesta judía de Pentecostés), 50 días después de Pascua Jesús cumple su promesa. Los signos del fuego, el viento huracanado, las distintas lenguas que unen, están presentes en el texto. Así como en el relato didáctico del capítulo 11 de Génesis la soberbia del hombre en la construcción de la torre de Babel derivo en distintas lenguas que desunían, en el relato del libro de los Hechos muestra al Espíritu como el Amor de Dios que desciende para unirnos en la diversidad.
Si por el contrario leemos el relato de Juan (más teológico), el Espíritu Santo es dado a los Apóstoles por Jesús el mismo día de su Resurrección. Llega a través de un soplo de Cristo sobre ellos, en el contexto del envío. Así como en el capítulo 2 del Génesis Dios acerca su rostro al del hombre para darle su soplo o Espíritu (tanto en el hebreo del Antiguo testamento ("Ruah") como en el griego del Nuevo ("Pneuma"), soplo, viento o espíritu se designa con la misma palabra), en Juan es el mismo Dios hecho hombre el que hace de nosotros una nueva creación, un hombre nuevo con una misión, continuar con su obra.
El soplo del Espíritu está en nosotros, que somos los apóstoles del hoy. Solo hay que avivar el fuego en nuestros corazones, dejarse empujar por el viento del Amor de Dios, sentirse animado por el aliento de Vida que nos hace hombres nuevos.
A los chicos les decimos (con razón) que es el cumpleaños de la Iglesia, y es de esperar que el Espíritu Santo nos ilumine para trabajar por la unidad en la diversidad, para ponernos del lado de los desprotegidos, para distinguir las estructuras que hemos puesto (cual modernas torres de Babel) y que no son fruto del Espíritu y nos animemos a derribarlas con el viento huracanado del Amor de Dios, para proclamar y construir el Reino de Dios, sin perder el "Amor primero".
En Pascua decíamos "La causa de Jesús sigue viva"... Que el Espíritu Santo haga que siga viva profunda y activa en cada uno de nosotros. "Ven Espíritu Santo y envía desde el cielo un rayo de tu Luz . Ven Padre de los pobres, ven a darnos tus dones, ven a darnos tu Luz" Que así sea.
La Pascua: la causa de Jesucristo sigue viva!
Hoy es día de felicidad! Nuestra vida no termina en la tumba! Nuestros seres queridos que han partido solo se nos han adelantado! La Vida tiene sentido! y todo gracias a la Pascua de Cristo! Reflexionábamos con mis alumnos en la semana si se puede festejar habiendo tantos "crucificados" hoy. Y yo creo que sí, pues como hemos dicho, es en la resurrección de Jesús donde todo cobra sentido. Pero está claro que la muerte y resurrección de Cristo, no pueden separarse de lo que fue su misión, su causa, su compromiso con el hombre, y sobre todo con el hombre dejado de lado por los demás. Su muerte llegó de ese modo por ser coherente hasta el final, or la fidelidad a su misión. El aparente fracaso de la cruz, se llena de Vida cuando la muerte es vencida en aquella madrugada que hace que nuestra fe no sea vana. La Pascua (decía hoy mi párroco) es el sí del Padre a la causa de Cristo. Su Reino debe seguir siendo predicado pues su misión sigue en pie. Los crucificados de hoy necesitan que los ayudemos a "resucitar", pues de la Pascua surge el impulso misionero. Reitero: la vida tiene sentido! Yel compromiso es con el hombre de hoy es parte del mismo!
Hoy es día de felicidad! Somos profetas del sentido! Plenificados por el Amor de Dios que nos impulsa! Solo así podremos decir FELÍZ PASCUA!!!!!!!!!
Hoy es día de felicidad! Somos profetas del sentido! Plenificados por el Amor de Dios que nos impulsa! Solo así podremos decir FELÍZ PASCUA!!!!!!!!!
sábado
Mensaje del obispo diocesano (Lomas de Zamora, Argentina)
Mensaje del Obispo Diocesano para la Pascua de Resurrección
Mc. 16,1-8
Las mujeres compraron perfumes para embalsamar el cuerpo muerto del Señor
El perfume significa la santidad, el “buen olor de Cristo, el perfume es el de la enamorada del “Cantar de los cantares”: “mientras el rey está en el lugar de reposo, mi nardo despide su perfume”. Dice uno de los padres de la Iglesia que el nardo que estaba en la esposa no dio su perfume hasta que tocó el cuerpo del esposo.
Esta fragancia del Espíritu no siempre se percibe enseguida, como las mujeres que llevan el frasco sellado, para purificar el olor a muerte del sepulcro, se encuentran con la sorpresa, el ungido ya no necesitará del nardo perfumado.
Es posible que en nuestro compromiso cristiano deseemos ser el buen olor de Cristo, pero el peso que produce nuestro mundo civilizado, nos abruma, nos hace ver sólo los signos de muerte, que son tantos en nuestra sociedad: muerte de ancianos que quieren vivir, muerte de niños que quieren nacer, muerte de jóvenes que esperaban tanto de la vida, muerte en vida de las esclavitudes de nuestro tiempo: trata de personas, desaparición de mujeres, trafico de drogas e insistencia en despenalizar, sin crear nuevos centros de internación y prevención con inversión, agresión a la tierra, y el derecho a ella de familias y comunidades, desprotección de los recursos naturales, desigualdad extrema de posibilidades….
Levantando lo ojos vieron que la piedra estaba corrida y era muy grande
El camino de la Fe puede mas que las buenas intenciones, es capaz de correr la pesada piedra, el camino de la Fe nos compromete a vivir “la dimensión social de la fe”: la fe como una adhesión personal del hombre a Dios, es al mismo tiempo e inseparablemente, el asentimiento libre a toda voluntad que Dios ha revelado. Al referirnos “a lo social” hacemos alusión a la búsqueda del bien común, o sea el conjunto de aquellas condiciones de la vida social, que hacen posible, a las asociaciones y a cada uno de sus miembros, el logro más pleno y más fácil de la propia perfección.
Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido de blanco y se asustaron
Al sepulcro se entra descalzos y despojados, lo contrario sería la figura del “cruzado” que arremete a caballo, arrasa y “conquista el sepulcro”. ¿Somos una Iglesia abierta o abroquelada en estructuras caducas como un antiguo sepulcro?
Nos puede asustar el desafío, como a las mujeres esta presencia del joven vestido de blanco, él es figura del hombre nuevo, del hombre con esperanza, revestido con la vida y la realeza del heredero de las promesas porque está “sentado al lado derecho”. Es el corazón de la vida que se abre y dialoga, socializa con las mujeres que entraron al sepulcro.
Reconocemos que muchos cristianos viven la fe sólo desde una dimensión individual y no siempre es asumida la “dimensión social de la fe”. Esta tentación del ejercicio de una fe hecha a mi “conveniencia” aún en el lícito deseo de santidad personal, no asume que la fe implica siempre los dos mandamientos: el amor a Dios y la apertura a los hermanos. Esta tentación podría ser: “doy cosas a los demás, o la limosna a un pobre, y no asumo la corresponsabilidad de implicarme en la difícil y costosa tarea de superar situaciones de inequidad e injusticia social.
No se asusten buscan a Jesús de Nazaret, el crucificado ha resucitado, no está aquí.
Este miedo, este susto se repite hasta cinco veces en este pasaje, no pueden entender que de la oscuridad de la muerte pueda surgir el sol del resucitado-crucificado.
Nos puede parecer imposible que Dios mismo salga al encuentro de la mujer y del hombre de nuestro tiempo y nos proponga este anuncio de vida, de esperanza en medio de tanta desesperanza, de consuelo y alegría en medio de tanto desencanto y agobio.
Del anuncio del nazareno crucificado y resucitado nace el llamamiento dirigido a los discípulos y discípulas al anuncio del Reino.
Vayan a decir a sus discípulos y a Pedro que El irá delante de ustedes a Galilea, allí lo verán, como les dijo.
El Evangelio nos dice que Jesús convoca en Galilea a los discípulos.
Galilea es el lugar donde Jesús ha vivido, se ha criado, ha orado, ha caminado sus calles y lugares, donde el discípulo hoy lo encuentra; pero es también la “galilea de los gentiles”, de los que no están en el rebaño, de los que no pertenecían a las “Ovejas del pueblo de Israel”..
“Galilea de los gentiles”, es decir los que no se preguntan hoy sobre la fe, los que viven prescindiendo del valor de la fe. El economicismo reinante lo cuantifica todo, el pensamiento se convierte en cálculo de razón, no tiene el concepto de la gratuidad (la gracia), por tanto será cuestionado todo lo que no es razonable, tangible y comprobable al pensamiento.
A este “ambiente” hoy se nos envía: “vayan y hagan discípulos míos a todas las gentes”, no se nos dice que tenemos un rebaño acotado, se nos pide la misionalidad de salir a la “Galilea de los gentiles”, que en el tiempo de Jesús era llamada así pues se la consideraba pagana, no creyente, en oposición cultual al pueblo elegido de Israel.
Ellas salieron huyendo del sepulcro, porque se había apoderado de ellas el temor y el espanto y a nadie le dijeron nada, porque tenían miedo
Qué difícil es la Evangelización de la cultura, cuando se ha oscurecido el: Locus fidei, el lugar de la fe, donde somos llamados nosotros a ser en estos nuevos areópagos , los anunciadores del: Evangelium fidei, los que anunciamos la fe, los que la proclamamos y la vivimos en medio de este multiculturalidad , y donde necesitamos abrirnos a la interculturalidad .
Nos puede suceder que este temor y espanto tan humanos como narra el evangelista, nos cierren los oídos, para no escuchar, intenten enmudecernos para no anunciar. Pero el Espíritu del Resucitado puede hacer nuevas todas las cosas.
Al desearles una ¡Feliz Pascua de Resurrección! Quiero que tengamos presente nuestro lema diocesano y la tarea que venimos haciendo juntos en la pastoral diocesana planificada .
Que Jesús Resucitado por intercesión de la Virgen Maria, Madre y Reina de la Paz, nos haga escuchar como resucitados, el resuello de los adolescentes y jóvenes, que no conocen a Jesús, que andan abatidos, que se desangran por no tener una identidad, y nos sintamos comprometidos con la misión. Que abra nuestros ojos para ver sus aflicciones y pesares, y que este desafío desmesurado no desanime nuestra inquieta entrega creativa, constante y confiada.
Pascua 2012.- Mons. Jorge R. Lugones s.j.
Obispo de la Diócesis de Lomas de Zamora.-
Mc. 16,1-8
Las mujeres compraron perfumes para embalsamar el cuerpo muerto del Señor
El perfume significa la santidad, el “buen olor de Cristo, el perfume es el de la enamorada del “Cantar de los cantares”: “mientras el rey está en el lugar de reposo, mi nardo despide su perfume”. Dice uno de los padres de la Iglesia que el nardo que estaba en la esposa no dio su perfume hasta que tocó el cuerpo del esposo.
Esta fragancia del Espíritu no siempre se percibe enseguida, como las mujeres que llevan el frasco sellado, para purificar el olor a muerte del sepulcro, se encuentran con la sorpresa, el ungido ya no necesitará del nardo perfumado.
Es posible que en nuestro compromiso cristiano deseemos ser el buen olor de Cristo, pero el peso que produce nuestro mundo civilizado, nos abruma, nos hace ver sólo los signos de muerte, que son tantos en nuestra sociedad: muerte de ancianos que quieren vivir, muerte de niños que quieren nacer, muerte de jóvenes que esperaban tanto de la vida, muerte en vida de las esclavitudes de nuestro tiempo: trata de personas, desaparición de mujeres, trafico de drogas e insistencia en despenalizar, sin crear nuevos centros de internación y prevención con inversión, agresión a la tierra, y el derecho a ella de familias y comunidades, desprotección de los recursos naturales, desigualdad extrema de posibilidades….
Levantando lo ojos vieron que la piedra estaba corrida y era muy grande
El camino de la Fe puede mas que las buenas intenciones, es capaz de correr la pesada piedra, el camino de la Fe nos compromete a vivir “la dimensión social de la fe”: la fe como una adhesión personal del hombre a Dios, es al mismo tiempo e inseparablemente, el asentimiento libre a toda voluntad que Dios ha revelado. Al referirnos “a lo social” hacemos alusión a la búsqueda del bien común, o sea el conjunto de aquellas condiciones de la vida social, que hacen posible, a las asociaciones y a cada uno de sus miembros, el logro más pleno y más fácil de la propia perfección.
Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido de blanco y se asustaron
Al sepulcro se entra descalzos y despojados, lo contrario sería la figura del “cruzado” que arremete a caballo, arrasa y “conquista el sepulcro”. ¿Somos una Iglesia abierta o abroquelada en estructuras caducas como un antiguo sepulcro?
Nos puede asustar el desafío, como a las mujeres esta presencia del joven vestido de blanco, él es figura del hombre nuevo, del hombre con esperanza, revestido con la vida y la realeza del heredero de las promesas porque está “sentado al lado derecho”. Es el corazón de la vida que se abre y dialoga, socializa con las mujeres que entraron al sepulcro.
Reconocemos que muchos cristianos viven la fe sólo desde una dimensión individual y no siempre es asumida la “dimensión social de la fe”. Esta tentación del ejercicio de una fe hecha a mi “conveniencia” aún en el lícito deseo de santidad personal, no asume que la fe implica siempre los dos mandamientos: el amor a Dios y la apertura a los hermanos. Esta tentación podría ser: “doy cosas a los demás, o la limosna a un pobre, y no asumo la corresponsabilidad de implicarme en la difícil y costosa tarea de superar situaciones de inequidad e injusticia social.
No se asusten buscan a Jesús de Nazaret, el crucificado ha resucitado, no está aquí.
Este miedo, este susto se repite hasta cinco veces en este pasaje, no pueden entender que de la oscuridad de la muerte pueda surgir el sol del resucitado-crucificado.
Nos puede parecer imposible que Dios mismo salga al encuentro de la mujer y del hombre de nuestro tiempo y nos proponga este anuncio de vida, de esperanza en medio de tanta desesperanza, de consuelo y alegría en medio de tanto desencanto y agobio.
Del anuncio del nazareno crucificado y resucitado nace el llamamiento dirigido a los discípulos y discípulas al anuncio del Reino.
Vayan a decir a sus discípulos y a Pedro que El irá delante de ustedes a Galilea, allí lo verán, como les dijo.
El Evangelio nos dice que Jesús convoca en Galilea a los discípulos.
Galilea es el lugar donde Jesús ha vivido, se ha criado, ha orado, ha caminado sus calles y lugares, donde el discípulo hoy lo encuentra; pero es también la “galilea de los gentiles”, de los que no están en el rebaño, de los que no pertenecían a las “Ovejas del pueblo de Israel”..
“Galilea de los gentiles”, es decir los que no se preguntan hoy sobre la fe, los que viven prescindiendo del valor de la fe. El economicismo reinante lo cuantifica todo, el pensamiento se convierte en cálculo de razón, no tiene el concepto de la gratuidad (la gracia), por tanto será cuestionado todo lo que no es razonable, tangible y comprobable al pensamiento.
A este “ambiente” hoy se nos envía: “vayan y hagan discípulos míos a todas las gentes”, no se nos dice que tenemos un rebaño acotado, se nos pide la misionalidad de salir a la “Galilea de los gentiles”, que en el tiempo de Jesús era llamada así pues se la consideraba pagana, no creyente, en oposición cultual al pueblo elegido de Israel.
Ellas salieron huyendo del sepulcro, porque se había apoderado de ellas el temor y el espanto y a nadie le dijeron nada, porque tenían miedo
Qué difícil es la Evangelización de la cultura, cuando se ha oscurecido el: Locus fidei, el lugar de la fe, donde somos llamados nosotros a ser en estos nuevos areópagos , los anunciadores del: Evangelium fidei, los que anunciamos la fe, los que la proclamamos y la vivimos en medio de este multiculturalidad , y donde necesitamos abrirnos a la interculturalidad .
Nos puede suceder que este temor y espanto tan humanos como narra el evangelista, nos cierren los oídos, para no escuchar, intenten enmudecernos para no anunciar. Pero el Espíritu del Resucitado puede hacer nuevas todas las cosas.
Al desearles una ¡Feliz Pascua de Resurrección! Quiero que tengamos presente nuestro lema diocesano y la tarea que venimos haciendo juntos en la pastoral diocesana planificada .
Que Jesús Resucitado por intercesión de la Virgen Maria, Madre y Reina de la Paz, nos haga escuchar como resucitados, el resuello de los adolescentes y jóvenes, que no conocen a Jesús, que andan abatidos, que se desangran por no tener una identidad, y nos sintamos comprometidos con la misión. Que abra nuestros ojos para ver sus aflicciones y pesares, y que este desafío desmesurado no desanime nuestra inquieta entrega creativa, constante y confiada.
Pascua 2012.- Mons. Jorge R. Lugones s.j.
Obispo de la Diócesis de Lomas de Zamora.-
lunes
2 de Abril: día especial en la Argentina
Hoy es día de merecido homenaje. Mis honores a los héroes! Nunca terminaremos de agradecerles! En la fecha habrá muchos reconocimientos para ellos. Por eso es que yo deseo rendirle homenaje también a los héroes cotidianos, los que día a día luchan por un país (un mundo?) mejor. Los que silenciosamente desarrollan su épica sin que se la comprenda, y al igual que a los veteranos de guerra, no siempre son reconocidos. Sus "Malvinas" son su familia, sus batallas perdidas se cuentan por miles, pero siguen dando pelea una y otra vez. Incluso seguirán luchando, aún cuando sepan que la guerra está perdida... El campo de batalla cambia de geografía, la calle, la oficina, al lado de la cama de un enfermo, un aula... El héroe anónimo sale cada día de la trinchera con sus armas: su corazón, su coraje, la conciencia de su limitación, su convicción... Nadie lo ve, pasa de batalla a batalla cual poesía incomprendida, hasta que ante la última estrofa quizá alguien diga: "luchó con dolor. vivió con pasión, disparó el perdón, dió la vida por amor, o por lo menos lo intentó"...
Hoy es día de merecido homenaje. A los del 82, y a los de todos los días, con lágrimas en los ojos les doy mi eterna gratitud...
Hoy es día de merecido homenaje. A los del 82, y a los de todos los días, con lágrimas en los ojos les doy mi eterna gratitud...
domingo
Pido perdón... Eucaristía y separados en nueva unión.
Se acerca una nueva cuaresma... Tiempo de reflexión, de conversión... Y hoy quiero pedir perdón, no como un yo o un tu, sino desde un nosotros. Hace rato que lo sé y lo teorizo de modo crítico, pero en estos días lo vi en las lágrimas de buena gente que quiero... Y pido perdón como católico, a todos los que desean profundamente encontrarse con Cristo en la Eucaristía y no lo pueden hacer, pues los hombres no lo permitimos. Con argumentos afirmados desde una una lógica real, pero que no comparto, pues me pongo en los pies del otro (Jesús hizo algo de esto no?...). Pues no niego que hay situaciones "ideales" y las seguiremos presentando al mundo, pero la vida no es 1+1=2 (salvo que alguien sea un obtuso de escritorio y nunca haya puesto sus pies en el barro), y Cristo vino a proponernos un encuentro (o hay dudas de eso?) PARA TODOS! (O será sólo para vos que legislás para "fariceifasear" a puros e impuros: los que pueden encontrarse con Jesús y los que no). Algún día podremos corrernos o ser más transparentes para dejar traslucir la luz de Jesús. El mismo que llama al ciego considerado impuro (pecador), el mismo al que hacían callar los seguidores "puros" del maestro (Cfr. Mc. 10, 46-52) Y si me traen como argumento la carta primera de Pablo a los Corintios (Cfr. 1Cor.11, 17ss) ruego se profundice y se vea cuál era el contexto en el cual Pablo expresa preocupado el peligro de los abusos en la cena eucarística, y verán que lejos está aquella mezcla de paganismo y cristianismo incipiente, de la realidad a la que aplicamos el texto (los separados en nueva unión). Tengo un montón de cosas para pedir perdón desde el "Yo", no me corresponde pedir perdón desde el "Tu", pero hoy tengo ganas de pedir perdón desde el "Nosotros" que amo...
viernes
Extracto de la película "La Pasión de Cristo"
En este extracto, Jesús, caído, se encuentra con su Madre. El fin se puede deducir de las etiquetas.
jueves
"La Saeta" por Jairo
Este video me lo hizo llegar Darío Dominguez y puede ser útil. Es un clip con imágenes de Jesús y María.
lunes
domingo
"¿Y dónde está Dios?": los devastadores terremotos sacuden la fe de los cristianos
Hace 2300 años, un filósofo griego llamado Epicuro se paseaba por las calles de Atenas planteando a la gente un terrible dilema, que todavía no hemos podido resolver. Epicuro decía: "Frente al mal que hay en el mundo existen dos respuestas: o Dios no puede evitarlo, o no quiere evitarlo. Si no puede, entonces no es omnipotente. Y si no quiere, entonces es un malvado". Cualquiera de las dos respuestas hacía trizas la imagen de la divinidad.
Hoy, frente a los terremotos de Haití, Chile y Japón, el dilema de Epicuro sigue resonando como una bofetada en el corazón de millones de creyentes, que continúan preguntándose cómo es posible que un Dios amoroso y providente pueda permitir que sucedan semejantes desgracias en la vida de los seres humanos sin intervenir ni ayudar.
En realidad Epicuro con su dilema no negaba la existencia de Dios; sólo quería apuntar a la misteriosa e inexorable existencia del mal en el mundo. Sin embargo su dilema ha llevado a mucha gente al ateísmo; y de hecho, así planteado, debería llevarnos a perder la fe, ya que resulta inadmisible que Dios, pudiendo evitar las calamidades que suceden, no pueda o no quiera hacerlo.
¿Cómo resolver el dilema?
En primer lugar, se debe evitar la tentación de atribuir el mal a Dios, como han hecho algunos predicadores religiosos. Por ejemplo Pat Robertson, el famoso tele-evangelista estadounidense, declaró públicamente que la verdadera causa del terremoto de Haití es un castigo divino porque los isleños hicieron hace años un pacto con el diablo. Semejante afirmación, además de ser ofensiva para Dios y para los haitianos, elimina nuestra responsabilidad humana. En efecto, por nuestra culpa muchos de los cataclismos naturales que padecemos afectan sobre todo a los más pobres. Porque donde ellos viven las casas están peor hechas, existen menos hospitales, hay menos médicos, menos bomberos, menos recursos, y menos prevención. Además, muchos terremotos, inundaciones y catástrofes tienen un origen en la irresponsable actitud del hombre, que viene destruyendo incesantemente la naturaleza. Por eso culpar a Dios de estos sucesos resulta insensato.
Además, si hay algo que Jesús ha dejado en claro es que Dios no manda jamás los males al hombre. Ya en el primer sermón que pronunció en su vida, llamado el sermón de la montaña, enseñaba que Dios "hace salir el sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos e injustos". Es decir, Él sólo manda el bien incluso a los pecadores.
Para enseñar esto adoptó una metodología muy eficaz: comenzó a curar a todos los enfermos que le traían, y les explicaba que lo hacía en nombre de Dios, porque Él no quiere la enfermedad de nadie. Del mismo modo, cuando le pedían ayuda por alguien que había fallecido, jamás decía: "No; conviene dejarlo muerto porque ésa es la voluntad de Dios". Al contrario, lo resucitaba inmediatamente para enseñar que Dios no mandaba la muerte, ni la quería. Incluso un día sus discípulos vieron a un ciego de nacimiento, y le preguntaron: "Maestro, ¿por qué este hombre nació ciego? ¿Por haber pecado él, o porque pecaron sus padres?" (Jn 9,1-3). Y Jesús les explicó que nunca las enfermedades son enviadas por Dios, ni son castigos por los pecados.
En otra oportunidad vinieron a contarle que se había derrumbado una torre en un barrio de Jerusalén y había aplastado a 18 personas. Y Jesús les aclaró que ese accidente no era querido por Dios, ni era castigo por los pecados de esas personas, sino que todos estamos expuestos a los accidentes y por eso debemos vivir preparados (Lc 13,4-5).
Todo esto vuelve inaceptable las declaraciones de los que, cuando sufren algún contratiempo o accidente, responsabilizan a Dios. El Dios cristiano jamás puede enviar ni consentir ningún mal, ni siquiera a los pecadores.
Pero aún cuando Dios no quiera el mal, el dilema de Epicuro sigue interpelándonos: ¿por qué no los evita? ¿No puede o no quiere?
En realidad el enigma del filósofo griego está mal planteado. No podemos decir que "Dios no puede impedir" el mal que hay en el mundo. Lo correcto es decir que "es imposible que no haya mal". ¿Por qué? No porque sea un misterio, como se responde a veces cuando se quiere evadir la cuestión y dejarla en penumbra para evitar una supuesta crítica a la actuación divina. No. El mal no es un misterio. Es inevitable, sencillamente.
Sería imposible la existencia de un mundo sin mal, por la simple razón de que el mundo es finito, limitado, precario. Dios no podía crear un mundo perfecto, porque lo único perfecto que existe es él. Todo lo demás que pudiera crear, resulta necesariamente limitado. Y a esa limitación le llamamos mal. Hablando hipotéticamente, Dios podría no haber creado este mundo. Pero si lo crea, tienen que ser necesariamente finito (si no, se crearía a sí mismo). De modo que la finitud, la imperfección, la carencia, la privación, estarán siempre presentes como parte de la naturaleza.
El mundo, como hoy está creado, tiene sus propias leyes que lo rigen de manera autónoma, y las inevitables condiciones de esa finitud hacen que Dios no las pueda manipular a su antojo, evitando permanentemente el mal, porque iría contra las leyes que él mismo puso. Por lo tanto, no es que Dios "no quiera" o "no pueda" evitar el mal, sino que simplemente el planteo carece de sentido. La idea de un mundo sin mal es tan contradictoria como la de un círculo cuadrado.
Pero entonces queda una pregunta: ¿valía la pena que Dios creara este mundo? Por supuesto que sí. Para el creyente, si Dios lo ha creado así, es porque valía la pena. Él por su parte, se compromete, acompaña y trabaja junto a los que luchan por erradicar el mal, por implantar la justicia, por sembrar la paz y fomentar la igualdad entre los hombres. A tal punto, que la salvación del hombre dependerá de si ha ayudado a Dios en obrar el bien: "Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber".
Dios quiere el bien, ama el bien y asiste a cuantos trabajan por el bien. Y nuestra tarea es colaborar con Dios para que cada vez haya más bien a nuestro alrededor, no reprocharle la existencia del mal. Como aquel hombre que le preguntaba a su amigo: "¿Vos rezas a Dios?" "Sí, todas las noches". "¿Y qué le pides?" "No le pido nada. Simplemente le pregunto en qué puedo ayudarlo".
Ariel Alvarez Valdés
(Extraído del diario Clarín del 10/03/10
Hoy, frente a los terremotos de Haití, Chile y Japón, el dilema de Epicuro sigue resonando como una bofetada en el corazón de millones de creyentes, que continúan preguntándose cómo es posible que un Dios amoroso y providente pueda permitir que sucedan semejantes desgracias en la vida de los seres humanos sin intervenir ni ayudar.
En realidad Epicuro con su dilema no negaba la existencia de Dios; sólo quería apuntar a la misteriosa e inexorable existencia del mal en el mundo. Sin embargo su dilema ha llevado a mucha gente al ateísmo; y de hecho, así planteado, debería llevarnos a perder la fe, ya que resulta inadmisible que Dios, pudiendo evitar las calamidades que suceden, no pueda o no quiera hacerlo.
¿Cómo resolver el dilema?
En primer lugar, se debe evitar la tentación de atribuir el mal a Dios, como han hecho algunos predicadores religiosos. Por ejemplo Pat Robertson, el famoso tele-evangelista estadounidense, declaró públicamente que la verdadera causa del terremoto de Haití es un castigo divino porque los isleños hicieron hace años un pacto con el diablo. Semejante afirmación, además de ser ofensiva para Dios y para los haitianos, elimina nuestra responsabilidad humana. En efecto, por nuestra culpa muchos de los cataclismos naturales que padecemos afectan sobre todo a los más pobres. Porque donde ellos viven las casas están peor hechas, existen menos hospitales, hay menos médicos, menos bomberos, menos recursos, y menos prevención. Además, muchos terremotos, inundaciones y catástrofes tienen un origen en la irresponsable actitud del hombre, que viene destruyendo incesantemente la naturaleza. Por eso culpar a Dios de estos sucesos resulta insensato.
Además, si hay algo que Jesús ha dejado en claro es que Dios no manda jamás los males al hombre. Ya en el primer sermón que pronunció en su vida, llamado el sermón de la montaña, enseñaba que Dios "hace salir el sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos e injustos". Es decir, Él sólo manda el bien incluso a los pecadores.
Para enseñar esto adoptó una metodología muy eficaz: comenzó a curar a todos los enfermos que le traían, y les explicaba que lo hacía en nombre de Dios, porque Él no quiere la enfermedad de nadie. Del mismo modo, cuando le pedían ayuda por alguien que había fallecido, jamás decía: "No; conviene dejarlo muerto porque ésa es la voluntad de Dios". Al contrario, lo resucitaba inmediatamente para enseñar que Dios no mandaba la muerte, ni la quería. Incluso un día sus discípulos vieron a un ciego de nacimiento, y le preguntaron: "Maestro, ¿por qué este hombre nació ciego? ¿Por haber pecado él, o porque pecaron sus padres?" (Jn 9,1-3). Y Jesús les explicó que nunca las enfermedades son enviadas por Dios, ni son castigos por los pecados.
En otra oportunidad vinieron a contarle que se había derrumbado una torre en un barrio de Jerusalén y había aplastado a 18 personas. Y Jesús les aclaró que ese accidente no era querido por Dios, ni era castigo por los pecados de esas personas, sino que todos estamos expuestos a los accidentes y por eso debemos vivir preparados (Lc 13,4-5).
Todo esto vuelve inaceptable las declaraciones de los que, cuando sufren algún contratiempo o accidente, responsabilizan a Dios. El Dios cristiano jamás puede enviar ni consentir ningún mal, ni siquiera a los pecadores.
Pero aún cuando Dios no quiera el mal, el dilema de Epicuro sigue interpelándonos: ¿por qué no los evita? ¿No puede o no quiere?
En realidad el enigma del filósofo griego está mal planteado. No podemos decir que "Dios no puede impedir" el mal que hay en el mundo. Lo correcto es decir que "es imposible que no haya mal". ¿Por qué? No porque sea un misterio, como se responde a veces cuando se quiere evadir la cuestión y dejarla en penumbra para evitar una supuesta crítica a la actuación divina. No. El mal no es un misterio. Es inevitable, sencillamente.
Sería imposible la existencia de un mundo sin mal, por la simple razón de que el mundo es finito, limitado, precario. Dios no podía crear un mundo perfecto, porque lo único perfecto que existe es él. Todo lo demás que pudiera crear, resulta necesariamente limitado. Y a esa limitación le llamamos mal. Hablando hipotéticamente, Dios podría no haber creado este mundo. Pero si lo crea, tienen que ser necesariamente finito (si no, se crearía a sí mismo). De modo que la finitud, la imperfección, la carencia, la privación, estarán siempre presentes como parte de la naturaleza.
El mundo, como hoy está creado, tiene sus propias leyes que lo rigen de manera autónoma, y las inevitables condiciones de esa finitud hacen que Dios no las pueda manipular a su antojo, evitando permanentemente el mal, porque iría contra las leyes que él mismo puso. Por lo tanto, no es que Dios "no quiera" o "no pueda" evitar el mal, sino que simplemente el planteo carece de sentido. La idea de un mundo sin mal es tan contradictoria como la de un círculo cuadrado.
Pero entonces queda una pregunta: ¿valía la pena que Dios creara este mundo? Por supuesto que sí. Para el creyente, si Dios lo ha creado así, es porque valía la pena. Él por su parte, se compromete, acompaña y trabaja junto a los que luchan por erradicar el mal, por implantar la justicia, por sembrar la paz y fomentar la igualdad entre los hombres. A tal punto, que la salvación del hombre dependerá de si ha ayudado a Dios en obrar el bien: "Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber".
Dios quiere el bien, ama el bien y asiste a cuantos trabajan por el bien. Y nuestra tarea es colaborar con Dios para que cada vez haya más bien a nuestro alrededor, no reprocharle la existencia del mal. Como aquel hombre que le preguntaba a su amigo: "¿Vos rezas a Dios?" "Sí, todas las noches". "¿Y qué le pides?" "No le pido nada. Simplemente le pregunto en qué puedo ayudarlo".
Ariel Alvarez Valdés
(Extraído del diario Clarín del 10/03/10
jueves
El ser y el no ser del catequista
Sin pretender agotar ni mucho menos las posibilidades infinitas de análisis presentaremos algunas “notas” del ser catequista (como siempre emparentadas con el hacer) esperando que sirvan de disparador para la reflexión, que cada uno (o cada comunidad) podrá complementar con sus aportes.
La palabra catequesis como tal no aparece en el Nuevo Testamento. Surgió en los primeros siglos del cristianismo. No hace referencia en principio a personas que por primera vez entran en contacto con la Buena noticia (el primer anuncio o “kerigma”), sino a la profundización de la fe de los que ya han adherido a Jesucristo.
La catequesis así entendida es un proceso de crecimiento en la comprensión de la fe y en la experiencia de la vida cristiana. Tiende a desarrollar la comprensión de la revelación a la luz de la Palabra que ilumina sus situaciones de vida. Suscita además una respuesta vital, pues, transformado por la gracia se pone a seguir a Cristo como verdadero discípulo y misionero.
La realidad marca que las fronteras entre el Kerigma y la Catequesis no son fácilmente delimitables. Muchas veces, las personas que acceden a la catequesis necesitan, de hecho, un primer anuncio de la Buena Nueva. Por eso, la Iglesia desea que, ordinariamente, una primera etapa del proceso catequizador esté dedicada a asegurar la conversión. Cierto es que, más allá de las denominaciones, la actitud (y hasta la metodología catequística) surge del mismo Jesús (Confrontar por ejemplo el acompañamiento que hace de los discípulos de Emaús Lc) y de sus seguidores (cómo puede, verse en tantos textos del Nuevo testamento, como el de Felipe y el Etíope Hech)
Es decir que si decimos quien fue el primer catequista, obviamente tenemos que hablar del modelo de todo catequista: el mismo Jesús. Pero además, se puede considerar que, desde los apóstoles hasta nuestros tiempos, la Iglesia ha tenido una nube de testigos que a través de su catequesis más o menos sistemática según las circunstancias, nos han ayudado a crecer en la fe.
Al catequista hoy, se lo podría definir como el cristiano comprometido en la transmisión de los contenidos de la fe, sobre todo compartiendo con el otro la experiencia de Jesucristo muerto y resucitado, vivo y presente en la propia vida y en la vida de la comunidad.
Pero, más allá de las definiciones, ¿Qué significa ser catequista? El que nos ve se pregunta: ¿Qué misteriosa atracción tendrá esta tarea para que sea elegida por alguien? ¿Por qué los que llegan a serlo en serio sienten un sano orgullo por lo que se les ha encomendado? Estas y otras preguntas son de difícil respuesta para los que no están en la misma “sintonía”, pero es bueno cada tanto hacernos esas mismas preguntas “hacia adentro”. Los que hemos sido llamados a esta hermosa ardua labor debemos cuestionarnos qué es y qué no es un catequista. Para así repensar nuestra catequesis en función de la realidad y no desde estructuras caducas que pueden empantanar tan hermosa tarea.
Volviendo entonces a nuestra pregunta… ¿Qué ES un catequista?
· Es alguien que descubre (recibe, escucha y responde) un llamado, es decir una vocación, que como tal, le ilumina la vida y lo lleva a su plenitud.
· Es aquél que siendo conciente de sus limitaciones, pone al servicio sus carismas para la construcción del Reino.
· Es alguien que se forma, pues toma su tarea en serio. Pero también es quien sabe que un maestro enseña, pero un testigo convierte.
· Es quien vive en oración ofreciendo su tarea y los corazones de sus catequizandos para que sea Dios quien actúe por medio suyo.
· Es portavoz, pues tiene claro que porta una Voz que no es la suya.
· Es alegría, pues su felicidad está ligada al sentido de la vida.
· Es transparencia, pues sin ser necesariamente un santo, deja traslucir a Cristo.
· Es coherencia, pues intenta vivir lo que predica.
· Es profeta del sentido, pues el ser humano necesita imperiosamente que se le ofrezca un sentido para vivir, y el catequista que trasmite la Buena nueva, puede ser un medio.
· Es el que está atento para que su tarea no caiga en la rutina, ni en el sacramentalismo, ni en la mera trasmisión de doctrina. Es decir que es quien busca que no se enfríe su Amor primero.
· Es el que trasmite el Amor, pues trasmite a Dios. Un Amor que compromete, que es unidad en la diversidad pues somos imagen de ese Dios que es Uno y Trino. Y por lo tanto trabaja en comunidad y suscita comunidad.
· Es sembrador y no cosechador, pues pocas veces verá el fruto de su siembra, pero confía plenamente en el poder de la semilla.
· Es, si asume su llamado con entrega y humildad, alguien que puede iluminar en la oscuridad, pero esa luz no es la suya, sino la de Cristo…
¿Qué NO ES un catequista? (o qué no debería ser):
· No es un docente frustrado, alguien que le gusta tener un grupo a cargo para, inconscientemente, “jugar” a tener alumnos.
· No es alguien con buena voluntad que por ser de algún grupo parroquial o de algún movimiento ya pueda estar preparado para estar al frente de un grupo (tampoco es la oportunidad de promover a alguien o “engancharlo” dándole alguna responsabilidad antes que se nos vaya).
· No es alguien que por su carácter autoritario va a tener “cortitos” a los catequizandos, ni es alguien que por su dulzura y complicidad con los chicos o jóvenes lo van a sentir como un amigo más.
· No es necesariamente el que tiene un gran conocimiento, ni es obviamente el que no sabe nada pero es buena persona.
· En el caso del catequista escolar, no es el catequista parroquial que no tiene la formación docente adecuada, ni es el que sólo está para hacer una oración de entrada en las reuniones de personal.
· No es predicador de milagros, pues esta no es la propuesta de Jesús.
· No es el que amenaza con el castigo de Dios, ni quien entusiasma con retribuciones celestiales.
· No es el amigo del cura, ni es el centro de la parroquia, ni es más que los demás…
Por último me gustaría volver a la idea inicial de la nube de testigos catequistas que nos han acercado cada vez más a Cristo, nombrando a quien podemos “ponerle el cartelito”, ya que él mismo se lo ponía, pues cuando se presentaba lo hacía de ese modo: como “Catequista”. Cuando dudemos de qué es la catequesis o qué significa ser catequista sólo debemos recordarlo a él, nuestro querido padre Frans…
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