"Somos catequistas" intenta ser un espacio de comunicación y de compartir recursos para la difícil y apasionante tarea de trasmitir el Evangelio. Periódicamente se irán agregando nuevos elementos para la reflexión y la tarea. Lo incluído no apunta a la uniformidad sino a la unidad en la diversidad, el debate, la valoración de la opinión del otro. Por ende es importante la participación con el voto, el comentario o el envío de material (lito.balabanian@gmail.com) Bienvenidos.
martes
Era una mañana agitada, eran las 8:30, cuando un señor mayor de unos 80 años, llegó al hospital para que le sacaran los puntos de su pulgar. El señor dijo que estaba apurado y que tenía una cita a las 9:00 am.
Comprobé sus señales vitales y le pedí que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderlo. Lo ví mirando su reloj y decidí, que ya que no estaba ocupado con otro paciente, podría examinar su herida. Durante el examen, comprobé que estaba curado, entonces le pedí a uno de los doctores, algunos elementos para quitarle las suturas y curar su herida.
Mientras le realizaba las curaciones, le pregunté si tenía una cita con otro médico esa mañana, ya que lo veía tan apurado.
El señor me dijo que no, que necesitaba ir al geríatrico para desayunar con su esposa. Le pregunté sobre la salud de ella.
El me respondió que ella hacía tiempo que estaba allí ya que pacedía de Alzheimer.
Le pregunté si ella se enfadaría si llegaba un poco tarde.
Me respondió que hacia tiempo que ella no sabía quien era él, que hacía cinco años que ella no podía ya reconocerlo.
Me sorprendió, y entonces le pregunté, 'Y usted sigue yendo cada mañana, aun cuando ella no sabe quien es usted?'
El sonrió
y me acarició la mano
'Ella no sabe quien soy,
pero yo aún se quien es ella.'
Se me erizó la piel, y tuve que contener las lágrimas mientras él se iba, y pensé,
'Ese es el tipo de Amor que quiero en mi Vida.'
(Aporte de Gustavo Caprarotta)
Se puede finalizar el encuentro leyendo el siguiente cuento:
EL SONIDO MISTERIOSO
Ya mientras dormía, venía oyéndolo y confundiéndolo con parte de su sueño. Pero José fue despertando y, somnoliento aún, descubre que el sonido sigue allí, pues no viene de su sueño, sino de la realidad. Son como golpes, pero que no le infunden miedo, sino todo lo contrario, lo tranquilizan. Con una cadencia viva, sostenida, acompasada, llena de certeza y de misterio, le hacen sentir como si le marcaran el ritmo a su despertar.
De cualquier modo, a José no le resulta extraño, pues es un sonido que siempre oye cuando está bien, pero también (y sobretodo) lo acompaña cuando está mal. Lo impulsa, le da "motivos para amanecer"[1].
Él sabe que la existencia de ese sonido, le ayuda a descubrir el sentido de su vida. Es más, generó a su vez otros tres sonidos similares que suavemente repiquetean a pocos metros del lugar.
Es tan importante para él, que cree, que si alguna vez no lo pudiera oír más, lo seguiría acompañando (aunque solo “audible” en su corazón) desde donde esté. José lo percibe como un sonido de vida, un ritmo de amor, un “eco” de Dios...
Decide levantarse. Es entonces cuando, quita su oído de sobre el pecho de su esposa, y se dispone con alegría a comenzar el día.
domingo
He aprendido... lo "ya sabido"...
También aprendí que el dolor forma parte de la existencia (ya sea el esperado o el que aparece cuando uno menos lo preveía)... Y si las fuerzas para seguir salen de donde uno no se explica, es porque "Dios cuida de los suyos"...
Es decir que aprendí, que Dios no me libera mágicamente de los problemas, sino que respeta mi libertad y autonomía. Que por ser cristiano no tengo un "campana de cristal que me protege", pero, al serlo, soy consciente de que Jesús me acompaña en el camino, sufriendo con mi dolor, iluminando mi caminar en la toma de decisiones, fundamentando mi esperanza...
He "aprendido a aprender" de la vida, a que la propia experiencia, te abre a comprender la vida de los otros, te ablanda el corazón, y libera a los hombres, firme y amorosamente, de enjuiciar implacablemente a los demás...
He aprendido, también con dolor, lo que le cuesta al ser humano contemplar las miserias expuestas del que abre su corazón, y no comprender que son las mismas que yacen escondidas en lo profundo del propio corazón...
Aprendí, una vez más, que Dios no me prueba, ni me envía castigos por mis errores... Que las cruces son parte de la vida, y aún en ellas uno encuentra el amor de Dios, que respeta mi libertad, que está en la puerta esperando ver (aunque sea de lejos) a su hijo, para correr a abrazarlo...
He aprendido a gozar del reencuentro, de la "resurrección" de la vida que parecía inexorablemente muerta... Aprendí nuevamente a amar...
Que es cierto que "Dios cuida a los suyos", pero sabiendo, como todo Padre, que no hay mejor aprendizaje que lo vivido a través de la libre experiencia... Y que al hablar de "los suyos" hablamos de todos. Y compréndaseme bien, cuando hablo de TODOS, no me refiero a los "practicantes"; ni a "todo católico"; ni siquiera a "los cristianos" en general; ni a los "buenos", sino a todo ser humano...
Y me pregunto: ¿no lo sabía acaso?... Y me respondo: lo acontecido me enseñó a vivir, desde la experiencia y el amor, lo ya sabido...
NO ESTOY DE ACUERDO CON DIOS (Un aporte de "Grupos Bíblicos Universitarios")
a las palabras de un antiguo libro: “Dios hace salir el Sol sobre malos y buenos
y hace llover sobre justos e injustos”. Precisamente en este punto no estamos
de acuerdo con Dios. Es esta falta de justicia la que nos indigna.
Cuando pensamos en el Vietnam, en el hambre de Etiopía, en los latifundios y
la miseria de Latinoamérica, o en increíbles arsenales de bombas atómicas, se
revuelve nuestro sentido de la justicia. ¿Cómo no ha de indignarnos que
mueran los jóvenes, que sufran los inocentes, que los culpables se queden sin
castigo y que prosperen los malvados?. ¿Cómo vamos a estar de acuerdo con
Dios que hace salir su sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e
injustos?.
Admitamos que aunque las palabras que hemos citado fueron pronunciadas
por Jesucristo en él célebre Sermón del Monte, no por ello nos inquieta menos.
Porque nos inquieta la injusticia. Tanto es así que ante ella muchos llegan a la
conclusión de que no hay Dios, o que si lo hay se ha olvidado del mundo, que
para el caso es lo mismo. Porque si hubiese Dios, y si el mundo le importase,
no permitiría que continuara la injusticia. Eliminaría a los malvados, acabaría
con los injustos, los explotadores, los desalmados.
Dicho de otra manera, si tu y yo fuésemos Dios, organizaríamos las cosas de
otro modo. Haríamos justicia. Ejerceríamos en gran escala y con todo el poder
que se supone que Dios tiene, este sentido de la justicia que nos ha llevado a
la protesta. En la vida diaria, frente a situaciones propias y ajenas, muchas
veces nos gustaría tener una posición de poder, aunque fuese mínimo, para
hacer justicia. Imagínate: ¡tener todo el poder de Dios para hacer las cosas a
nuestro modo!.
La verdad es que a cada momento en la vida diaria, estamos aplicando nuestro
sentido de la justicia a nuestras circunstancias. Si el camarero del restaurante
no te atiende bien, buscas de alguna madera que lo sancionen, o le sancionas
a tu modo. Si tu novio o tu novia te engaña, luego tiene que vérselas contigo. Si
un amigo te falla, te haces justicia aunque sólo sea en el tono de la voz cuando
vuelves a verle. Cuando dejes la universidad, al aumentar tu esfera de
influencia, tendrás mayores oportunidades de ejercer tu sentido de justicia. Y
esto que haces en pequeña escala es lo que harías en gran escala si fueras
Dios.
Por supuesto, si fuésemos Dios no dejaríamos que el Sol saliera sobre los
injustos. Nada de lluvia buena para ellos. Los neutralizaríamos, los
encerraríamos, los eliminaríamos. ¿No crees que casi todos tenemos una lista
negra de personas a las cuales, si fuésemos dios, no permitiríamos estar en el
mundo? Piensa por un momento en los manifiestos, proclamas,
conversaciones, discursos y amenazas que se oyen a diario en la Universidad
y fuera de ella. Veamos quiénes están en estas listas negras.
Para algunos son los de la izquierdas. El mundo sería un mundo desarrollado,
tranquilo y pacífico a no ser por los comunistas que se agitan entre las sombras
de Occidente y tiranizan a las masas sufrientes detrás del telón. La tarea de
arreglar el mundo tendría que comenzar por eliminarlos a ellos.
Para otros la lista negra está compuesta de nombres anglosajones. Los
malvados son los buitres de Wall Street, los barones de la banca mundial que,
con sus agentes nativos, manejan grandes imperios comerciales e industriales,
y fabrican armamentos y guerras para probarlos.
Cada cual sabe por dónde comenzaría la tarea de limpiar y reorganizar el
mundo, si fuese Dios. Probablemente tu tienes tus propias ideas al respecto, tu
propia lista.
Pero vamos a ver. Reflexionemos un poco. Si eliminamos a esos malos que
causan la ruina de hoy, ¿no surgirán otros iguales para sustituirlos? ¿Quién me
garantiza a mí o a ti que si nosotros llegásemos arriba seríamos más justos y
buenos que estos otros? Ahí está toda la historia de la humanidad para
quitarnos cualquier optimismo fácil. En el siglo pasado se solía pontificar sobre
el progreso. Hubo generaciones que se figuraron ser las portadoras de una
antorcha que llevaría a la humanidad hacia una edad dorada de paz y justicia.
Dos absurdas, crueles e inútiles guerras, y el fantasma amenazante de otra han
acabado con el optimismo. Hitler y Stalin han encarnado la tremenda frase de
un personaje de Dostoiewsky: “Si Dios no existe, todo está permitido”. ¡Ah! Si
yo fuera Dios... Si tú fueras Dios...
Seamos honestos. En este drama de la injusticia humana no podemos dárnoslo
de espectadores, porque todos somos actores. Y si aplicásemos nuestro
sentido de la justicia hasta sus últimas consecuencias, conociéndonos como
nos conocemos cada uno en el fondo, tendríamos que terminar por poner
nuestro nombre en la lista negra. Esas es la condición humana.
“Dios es justo y ama la justicia”. Esta es la línea general y la tónica de la
enseñanza bíblica, dentro de la cual se ubica Jesucristo a quién nombramos al
principio. Para la Biblia la injusticia en el mundo es parte de la condición
humana. Los hombres se debaten en terrible dilema. Por un lado su sentido de
la justicia, más o menos agudo según las circunstancias, y por otro su
incapacidad para vivir obrando siempre lo justo. A esta condición la Biblia lo
llama PECADO. Pecado es este desencuentro entre un Dios justo y nosotros,
hombres injustos. A nuestra injusticia que comienza con los pequeños actos de
todos los días con los cuales nos destruimos o destruimos al prójimo, es a lo
que Dios llama pecado. El hombre es universal; nadie escapa al hecho de ser
pecador. “Por cuanto todos pecaron ... No hay justo ni aún uno”, sigue diciendo
la Biblia.
Ni los que protestan contra las pequeñas injusticias de la vida cotidiana, ni los
que luchan contra las grandes injusticias, están exentos de la condición de
pecadores, de injustos ante Dios. Admitamos que hay diferencias entre ellos. El
egoísta que sólo aspira a que lo traten bien a él en los estudios y en los
negocios o que, si es necesario, pisotea los derechos de los demás para
triunfar él, no es igual al que se consagra a una lucha sacrificada por la justicia
social o por el bien de los demás. Pero ante la justicia de Dios ninguno llega a
ser realmente justo. Es por eso que en un análisis final, hasta las revoluciones
en contra de la injusticia no pueden evitar generar su propia secuela de
injusticias. Si el hombre pudiera solucionar primero el problema de su propia
injusticia personal, de su propia contradicción íntima, de su pecado, tal vez
luego podría hacer algo por los demás.
www.gbu.es
Una carta que conmueve
"Sé muy bien por lo que estás pasando. Algo similiar me sucedió a mí. Y sin embargo, a 86 días de ese horrible accidente te escribo desde la clínica Fleni, en donde gracias a Dios me estoy rehabilitando. Te pido que luches con todas tus fuerzas: "se puede y existen los milagros". Lo vas a conseguir: lucha, lucha y no bajes los brazos. Todos estamos con vos y llenos de esperanzas para que te mejores pronto. Que tu familia, amigos y todos los jugadores sepan que, aun en la distancia, estoy con todos ustedes. En mi caso, el amor de mis seres queridos hace que hoy pueda escribirte. Espero que pronto podamos charlar y recordar estos hechos como pruebas que nos puso la vida. Un gran abrazo y toda la fuerza del mundo. Fernando Cáceres."
Fuente: Diario deportivo Olé de Argentina
Somoscatequistas: Emociona ver como se puede sacar algo bueno de lo malo. Pero además la carta deja elementos para reflexionar:
1) Agradece a Dios su rehabilitación e insta, a Cabañas, a confiar en los milagros, pero queda claro en el texto, que el milagro no se da sin luchar con todas las fuerzas y sin bajar los brazos. Dios "actúa" en nuestro actuar...
2) En su caso el "milagro de Dios" se esta dando a través del amor de sus seres queridos (y de las personas que lo atienden). Dios "actúa" a través de los demás...
3) No habla de una prueba de Dios, sino de una prueba de la vida. Dios siempre quiere nuestra felicidad...
Y lo notable del texto es que lo expresa alguien (Fernando Cáceres) que está sufriendo el mal uso de la libertad de los hombres...
Encuentro catequístico para adultos:
Luego del cuál trabajaremos en base a la pregunta ¿Qué cosas de nuestra vida necesitamos dejar atrás para recomenzar? (Puede ser en un trabajo en grupo, mini-charla de a dos, diálogo orientado entre todos, expresarlo en crealina o cartulina y poner en común, etc)
Luego del plenario se puede iluminar con algún texto del evangelio en el que el encuentro con Cristo modifique la vida del personaje (por ejemplo "el ciego de Jericó": Mc 10, 46-52, "Zaqueo": Lc. 19, 1-9, "la samaritana": Jn. 4, 1-30, etc.). La metodología de abordaje del texto puede ser: ver ¿cuál era la situación inicial del personaje, cuál fue la final y a qué se debió el cambio de una situación a otra?. Las pautas de reflexión nos tendrían que ayudar a descubrir el encuentro con Jesús que me renueva de tal modo que cambia mi vida. Preguntas como "¿Cuál creen que es la buena noticia del texto?" pueden ayudar.
Se podría terminar rezando-cantando "Déjame nacer de nuevo".
Para la reflexión de los grupos de catequistas...
La vocación de catequista suele , como la mayoría de las vocaciones, presentarse de manera progresiva y se va descubriendo a medida que se avanza en el camino. Muchos sienten el llamado de manera fuerte y clara movidos por el ejemplo de su propio catequista o por hallarse en un ambiente propicio para desarrollar su carisma. Otros, ingresan en un seminario de catequístico simplemente buscando ampliar sus conocimientos y complementar su formación y terminan descubriendo que lo aprendido no pueden guardárselo y lo tienen que compartir. Otros, y con estos tres casos no pretendo agotar todas las posibilidades existentes, son convocados por el sacerdote a cargo de su parroquia para que animen un grupo y, la fuerza de las circunstancias lo empujan a asumir la responsabilidad de una forma seria y consciente.
Cualquiera sea el caso de cada uno, el catequista siempre tiene mucho que aprender y uno de los asuntos principales es responder al llamado con generosidad y entrega.
Responder como actitud de vida
No somos catequistas durante "la hora" de catequesis o en las reuniones de preparación. Somos catequistas a toda hora, en todo lugar y en todo momento. Si ser catequista es presentar a Jesús a los demás para que lo conozcan y lo amen, para que comprendan que somos hijos de Dios y estamos insertos en el plan de salvación, eso no es una tarea de unas horas, un trabajo del cual nos desprendemos al terminar el horario sino algo que involucra cada gesto, cada opinión y le da sentido a la vida.
Responder con confianza en Dios
Para asumir cualquier vocación podemos sentirnos sin fuerzas o incapaces de cumplir con todas las exigencias que implica. En el caso de los catequistas, la respuesta al llamado tiene que tener una gran dosis de confianza en el Señor para que nos acompañe en el cumplimiento de esta tarea. Cierto es que hay que formarse y perfeccionarse poniendo las propias habilidades al servicio de la transmisión de la palabra de Dios pero, no se trata de confiar sólo en las propias fuerzas y en la preparación adquirida sino saber que debemos ser lo suficientemente transparentes como para dejar que sea el mismo Dios quien actúe en el corazón y la mente del otro.
Responder desde la oración
Es muy importante confrontar lo que vamos descubriendo y viviendo con la Palabra de Dios que nos ayuda a discernir con criterio sano y claridad. Palabra leída e interiorizada no sólo como estudio bíblico sino en oración, en diálogo verdadero con Dios. Sintiéndonos amados y respetados como hijos, únicos e irrepetibles.
Guía para la reflexión en el grupo de catequistas
1) Preparar, individualmente, un esquema del tipo de las "líneas de tiempo", marcando los momentos fuertes de nuestra vocación catequística y cómo fuimos respondiendo.
2) ¿Cuáles fueron los obstáculos más fuertes que encontramos en el camino de nuestra vocación? Identificarlos con claridad y describirlos lo más equilibradamente posible.
3) ¿Cuáles fueron los empujones y ayudas más fuertes que recibimos? ¿Quiénes influyeron o influyen positivamente en nuestra respuesta constante al llamado de ser catequistas?
4) ¿Qué lugar ocupa la oración en nuestra respuesta cotidiana al llamado de Dios?
Fuente: www.sanpablo.com
sábado
El cuento de la semana
Transcurría el otoño del '96, días en los que percibía dolorosamente, lo que tantos poetas expresaron: la extraña relación entre dicha estación y la melancolía. Aunque yo sabía bien, que mi estado de ánimo no se debía a la caída de las hojas, ni a la escasa presencia del sol, o a añoranzas veraniegas; mi tristeza tenía hondas raíces que la alimentaban...
No quería preocupar a mi familia, ni quería recurrir a mis amigos que ya bastante tenían con sus problemas. Y como el día gris invitaba a la caminata en soledad, decidí recorrer las calles de la ciudad de Burzaco, para conocer el lugar donde pronto iba a tener que dar clases. Cada paso que daba, iba acompañado por un recuerdo amargo, una angustia penetrante ante el entorno que me oprimía, o un sentimiento de no encontrar la salida ante los problemas, pues la tristeza siempre opaca mi esperanza...
Al cabo de unas cuadras, llegué a la plaza de la ciudad, repleta de chicos alegres que se empeñaban con sus risas, en contradecir a tantos siglos de poesía otoñal. Al sentarme en el banco que está justo enfrente a la parroquia, me puse a pensar si no sería conveniente cruzar la calle, e ir al encuentro de un sosiego espiritual. Pero en un rapto de soberbia (pues la desesperanza siempre opaca mi cordura), me dije que si Dios quería ayudarme, que viniera Él a mi encuentro...
Con los ojos brillosos, hundía la mirada en las vereditas internas de la plaza. Las mismas eran de tierra y estaban cubiertas de miles de fragmentos de conchilla, que crujían ante el peso de cada pisada, que con el tiempo los convertiría en polvo. Cuando súbitamente, el recorrido inquieto y sin sentido de mis ojos se detiene en un punto del serpenteante camino, provocando mi asombro. Es que en medio de tanto caparazón destruido, descubrí un pequeño y hermoso "caracolito" de mar, que increíblemente había soportado, quien sabe cuanto tiempo, las pisadas de todos los que habían recorrido esa concurrida plaza. Su aspecto nacarado y sus formas espiraladas estaban intactas, lo que motivó mi admiración. Siendo tan frágil y pequeño, el caparazón del "caracolito" había podido subsistir, resistiendo los duros embates, apoyándose en los demás caparazones (que aunque estuvieran desechos, evidentemente le habían servido de ayuda). Y siento que "vino a mi encuentro" para dar brillo y consuelo a mi mirada, que solo recorría la conchilla rota y crujiente.
Poniéndome de pie, me acerqué y la tomé entre mis manos, la guardé en un bolsillo, decidí que el otoño no era tan triste como pensaba, y con una sonrisa en mis labios, crucé la calle...
Del libro "Destellos de Luz, reflejos de vida" de José Balabanian Ed. San Pablo (En edición)martes
sábado
Ante el comienzo de clases, va nuestro homenaje a las maestras.
La maestra se dirigió al colegio como todos los días, aunque ese día no era uno más, pues las preocupaciones la embargaban. La tristeza se le notaba, por más que intentara disimularlo en cada saludo a cada una de sus compañeras. Colgó el saco en la sala de maestros, se dirigió hacia el patio y comenzó su rutina de ordenar a sus alumnos en la fila, que con sus gritos, empujones y risas demostraban estar totalmente ajenos a su dolor.
El camino hacia el aula, transcurrió entre retos brotados automáticamente y sensaciones interiores de amargura y falta de sentido.
Y allí estaba otra vez como todos los días al frente de un grupo de pequeñas personitas que desordenadamente iban acomodando sus mochilas, cargadas de cuadernos, cartucheras y sueños.
La maestra pensaba en su problema mientras una voz le imploraba –“¿puedo ir al baño?”- pensaba cuan cansada estaba mientras oía un grito de fondo –“seño” mírelo me esta pegando” -, reprimía sus ganas de llorar, al tiempo que otra vocesita le comunicaba “-me olvidé el libro, ahora que hago”-.
Muchas voces juntas para una persona con un mal día. Pero de pronto reaccionó ante un –“seño: ¿qué le pasa”- y volviendo la vista hacia el grupo, vio que la miraban curiosos y sorprendidos, con un silencio que hacia tiempo que no lograba.
Y al verlos así, reencontró en los ojitos de sus alumnos, como todos los días, el sentido de su vida...
Del libro "Destellos de Luz, reflejos de vida" de José Balabanian Ed. San Pablo (En edición)El cuento de la semana.
PONERSE EN LOS ZAPATOS DEL OTRO
Micaela con sus 16 años y Julieta con 15, tienen algunas cosas en común: sus padres, la adolescencia, el cuarto, pero prácticamente nada mas. Pues no hay día en el que no discutan, haciendo valer cada una la potencia de sus voces, la fortaleza de sus afirmaciones y la debilidad de sus argumentos (aunque esto último no importa para ellas a la hora de defender una postura), y ni pensar en que alguna de las dos intente ver las cosas desde el "lugar" de la otra.
Si bien a ambas la situación no les produce ninguna gracia, pareciera siempre que la que mas molesta está con las actitudes de la otra es Micaela. Puede ser que esté celosa de su hermana menor, o que su carácter sea mas fuerte, o simplemente que le cueste comprenderla mas de lo que le cuesta a Julieta comprenderla a ella.
Varios son los motivos de conflicto: el ordenar la pieza, el traer las respectivas amigas a casa, las burlas recíprocas, etc. Y otros tantos son los motivos de "competencia": quién ayuda mas a la madre, quién recibe mas del padre, quién goza de mas libertad, quién es la mejor en el cole, quién entra primero al baño (y tarda mas en salir), y hasta la ropa (entre otras cosas) es motivo de "feroces disputas".
Cierto es que hace unos días algo extraño le pasó a Micaela. Se levantó como todas las mañanas, se vistió, y empezó (como de costumbre) a ver el desorden en el que Julieta dejaba sus cosas en la pieza, pero (y aquí comienza lo raro) percibió de inmediato que dicho desorden era prácticamente idéntico al que ella misma deja en sus pertenencias, luego protestó porque Julieta tardó en salir del baño, pero se dió cuenta que fue el mismo tiempo que tardó ella el día anterior (luego de haberle ganado en la carrera de llegar primera). Pero no terminan ahí las "rarezas", pues ante la primer discusión en el desayuno compartido, descubrió que parte de lo que le decía la hermana era cierto y que no tenía sentido discutir algo verdadero. Además, cuando Julieta pidió a los padres permiso para que vinieran dos amigas, Micaela reprimió (como nunca lo había hecho) sus impulsos de queja, reconociendo interiormente que hacía dos días seguidos que venían sus propias amigas a visitarla. Y cuando Julieta pidió un poco mas de plata antes de irse, para poder comprar algo de la librería, se sorprendió al no exigir ella también ese "derecho", aprovechándose de la situación.
Al llegar la noche, en el momento de levantar la mesa despues de cenar, Julieta protestó como siempre cuando le tocaba a ella levantar la mesa, pero esta vez Micaela no sintió rabia al escucharla, sino que pensó cuantas veces ella hace exactamente lo mismo. Al irse ambas hacia la habitación, Micaela notó que su hermana estaba triste porque el chico que le gustaba no la tenía en cuenta, y en vez de burlarse como solía hacer, se sentó a su lado y se puso a conversar con ella como nunca lo había hecho. Y fue en ese preciso momento que Julieta, mirándole los pies vuelve a enojarse y a proferir sus gritos característicos. Micaela sorprendida mira los zapatos de su hermana que equivocadamente tenía puestos desde que se levantó, y empezó a comprender...
viernes
Un cuento de vacaciones
"La familia cristiana es una comunión de personas, reflejo e imagen de la comunión del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo". Catecismo de
José se sentía abrumado, y pensaba que en su casa no podía hacer las cosas que le gustaría, como escuchar música a todo volumen, tocar el órgano, mirar fútbol todos los días o simplemente dormir hasta que le plazca. Quizás unas vacaciones le hubieran venido bien, pero no podía dejar el trabajo. Pero su familia sí. Podían irse una semana, y tal vez por todo esto, (con una rara mezcla de resignación y egoísmo), insistió para que vayan. Y si bien a su esposa no le gustaba irse sin él, la convenció, sacaron los pasajes y se fueron...
José estaba contento porque su familia disfrutaría y a la vez alegre porque por una semana haría lo que normalmente no podía, y así se "despejaría" de los problemas y del cansancio.
Pero ya el primer día se dio cuenta que algo no andaba bien... Quiso escuchar música con el volumen alto, y le molestaba a los oídos. Cuando quería dormir, daba mil vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño; y cuando quería ver un partido de fútbol, se quedaba dormido en el segundo tiempo. Se sentaba a tocar el órgano y no se le ocurría ninguna canción. Y para colmo sus comidas consistían en: hamburguesas quemadas, arroz sin sal, fideos con demasiada sal, y otras exquisiteces que terminaban comiendo el perro y el gato.
Con el correr de los días todo se iba acentuando. No soportaba el silencio al llegar del trabajo, y el no tener a quién contar lo que ocurrió en el día. Cuando iba por la calle no dejaba de mirar a los niños con sus papás y contaba los días que faltaban para reunirse con su esposa y sus hijas. Se dio cuenta que durante el año había desperdiciado muchas cosas por estar obsesionado por los problemas. "Re-descubrió" el gran amor que siente y que recibe, por la familia que Dios le regaló.
Las deudas lo seguían acompañando, pero ahora todo su pensamiento y su sentimiento estaban en otro lugar... En medio de su melancolía abrió una Biblia al azar y sintió que, de ahora en más, algo tenía que cambiar, mientras leía: "Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón"...
*(Mt.6,19-21)
Catequistas escolares: Salario Justo?
Somos catequistas
José Manuel Balabanian
martes
El cuento de la semana
Carlos y Laura
Autor/a: Desconocido/a
Procedencia: Colaborador/a
Carlos, con el rostro abatido de pesar se reúne con su amiga Laura en un bar a tomar un café. Deprimido descargó en ella sus angustias...que el trabajo, que el dinero, que la relación con su pareja, que su vocación...todo parecía estar mal en su vida. Laura introdujo la mano en su cartera, sacó un billete de 50 euros. y le dijo:
- Carlos, ¿quieres este billete?
Carlos, un poco confundido al principio, inmediatamente le dijo:
- Claro Laura...son 150 euros., ¿quién no los querría?
Entonces Laura tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacerlo una pequeña pelota. Mostrando la estrujada pelotita verde a Carlos, volvió a preguntarle:
- Y ahora ¿lo quieres igual?
- Laura, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 50 euros., claro que los cogere si me lo das.
Entonces Laura desdobló el arrugado billete, lo tiró al suelo y lo restregó con su pie en el suelo, levantándolo luego sucio y marcado.
- ¿Lo sigues queriendo?
- Mira Laura, sigo sin entender que pretendes, pero ese es un billete de 50 y mientras no lo rompas conserva su valor...
- Entonces Carlos, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o pisotee SIGUES siendo tan valioso como siempre lo hayas sido... lo que debes preguntarte es CUANTO VALES en realidad y no lo golpeado que puedas estar en un momento determinado. Carlos quedó mirando a Laura sin atinar palabra alguna mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en su cerebro. Laura puso el arrugado billete de su lado en la mesa y con una sonrisa cómplice agregó:
- Toma, guárdalo para que te recuerdes de esto cuando te sientas mal...pero ¡¡me debes un billete NUEVO de 50 euros. para poderlo usar con el próximo amigo que lo necesite!!
Le dio un beso en la mejilla a Carlos - quien aún no había pronunciado palabra - y levantándose de su silla se alejó con su atractivo andar, con rumbo a la puerta. Carlos volvió a mirar el billete, sonrió, lo guardó en su billetera y dotado de una renovada energía llamó al camarero para pagar la cuenta......"
domingo
El cuento de la semana
En un centro deportivo, se realizaba una carrera con vallas, en la que participaban cuatro niños pequeños, acompañados por sus padres dada su corta edad. El recorrido sería muy sencillo para un adulto, pero para los niños era sumamente difícil, pues si bien las parecitas a saltar o trepar eran muy bajitas, el riesgo de un golpe estaba latente; y las curvas eran abiertas pero igual se podían desviar o tal vez tropezar. A pesar de esto, el entusiasmo era muchísimo en los niños, todos por igual se desesperaban por iniciar el camino. Los que no todos tenían el mismo entusiasmo eran los padres, que querían mucho a sus hijos, aunque cada uno a su manera, y sus actitudes en la carrera de los hijos fue muy dispar.
Cuando comenzó la competencia, uno de los niños patinó apenas, pero bastó para que el padre se asustara mucho y abrazándolo muy fuerte, no dejó que continuara. Otro hizo el recorrido llorando pues su padre desde un costado, le gritaba exigiéndole que sea el triunfador, solo le interesaba que su hijo fuera "un ganador", y con sus retos lo humillaba cada vez que el niño tropezaba, hasta que decidió abandonar. El tercero, hizo el camino a los tumbos, pues el padre solo se limitaba a prevenirle donde se encontraban las curvas y como sortear las parecitas (que para los niños eran duros muros en su camino) pero le dejaba que hiciera su propia experiencia, al tiempo que lo acompañaba. Y fue así como cuando se desviaba, de a poco se iba dando cuenta, y recordando los consejos del padre volvía al camino. Las tres primeras paredes le provocaron golpes, pero ya las últimas las saltaba mejor; fue el que más moretones cosechó. Y el que llegó primero fue otro, que había sido llevado del brazo todo el camino por el padre sin soltarlo, lo levantó en las vallas, lo giró en las curvas y lo apuró hasta llegar a la meta.
Transcurrido un tiempo, ya adolescentes, el destino quiso que los cuatro compitieran de nuevo en una carrera similar, pero por supuesto más difícil y sin sus padres al lado. ¿Quién creen que ganó?...
Encuentros con la Buena Noticia
EL HIJO PRODIGO Y EL PADRE MISERICORDIOSO
(Comentario sobre el cap.15 de Lucas)
Cristo sentado a la mesa de los "pecadores", de los despreciados por los "justos" religiosos de la época, es un "escándalo" difícil de soportar para los "satisfechos de su justicia", edificada en el "cumpli-miento" de la enorme cantidad de normas y leyes exteriores que imponían (que por supuesto la gente sencilla no podía conocer -y por ende cumplir-, hecho por lo cual eran rechazados). Ante la "murmuración" de los escribas y los fariseos Jesús dice tres parábolas:
-La de la oveja perdida (entre cien).
-La de la moneda perdida (entre diez).
-Y la del hijo perdido (el menor de dos hermanos).
Las tres se refieren a lo mismo, pero vemos que hay una progresión en importancia, ya que no es lo mismo una oveja entre cien, que una moneda entre diez, y muchísimo menos que un hijo entre dos.
En las dos primeras son seres sin conciencia, que solos no pueden volver, entonces se deja las noventa y nueve ovejas o las nueve monedas restantes y se va en busca de la perdida; es Dios que va a buscar lo que estaba perdido. Pero en la tercera el Padre deja ir al hijo, no porque no lo ame sino porque respeta su libertad. Pero alejado de El, el hijo descubre al Padre interiormente y decide volver, es el Hombre que vuelve a Dios.
Cuando el Padre ve que el hijo vuelve, sale a su encuentro corriendo ("el arrepentimiento camina,
El hijo mayor simboliza la actitud de los escribas y los fariseos (de ayer y de hoy) que no entendieron la actitud de Jesús hacia los pecadores.
Pero Cristo (que llegó a morir en rescate de lo perdido) sigue buscándonos, y nos trae esta Buena Noticia, la de la inmensa Misericordia hacia nosotros, que motiva nuestra conversión, la del verdadero Amor que nos invita a "volver a la casa del Padre", la de
¡QUE JESUS, NUESTRO "PADRE MISERICORDIOSO", NOS RECIBA CON LOS BRAZOS ABIERTOS EN NUESTRO CONSTANTE "VOLVER A DIOS"!

